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« Previous Page Table of Contents Next Page »dos o tres horas de sangrienta refriega, abandono el campo, dejando muertos y heridos que con los nuestros, fue ocupacion de nuestra reducida tropa hasta muy tarde de la noche que quedaron sepultados los muertos de am– bos bandos y (os heridos en el Hospital.
'" Con el manejo del arma y la agitacion de la fatiga, mi herida sufria alteracion y sus efectos me obligaron tomar cama; me sentía en tan mal estado que presentía un fatal resultado.
El Cuadro de Pueblo Chiquito
En el barrio nominado "Pueblo Chiquito" formo el gobierno de Chamorro un cuadro con buenas fortifica– ciones, colocando en él un "Colis" y otras piezas meno– res, buenos jefes y tropa entusiasta en competente nú– mero.
En la mañana del día doce se dio un repique con las campanas de Jalteva, salvas de nuestra artillería, la banda hacía oír su melodía por todo el campamento y
vivando al gobierno de Honduras yola valerosa colum– na que mando en nuestro auxilio. Esta columna iba al mando del General Toro, y llego a nuestro campamento el 15. Al siguiente día, comt> a la 1 o 2 de la tarde, se formaron las guerrillas, llevando cada una, tres o cuatro individuos de nuestra. tropa, que servían de guía a los hondureños. Por el frente y ambos flancos se hizo la carga a dicho cuadro. Yo no pude estar quieto en mi cama, y al escape de mis superiores me fuí, aunque sin arma llevado de la curiosidad. En el centro iba el Co– ronel hondureño que se llamo Rosas, y como era ¡oven, de buen parecer y buena figura militar, se le mimaba y tanto más que gozaba del crédito de valiente: y en efec– to, Jo probo: hizo una carga sobre el cuadro sin que lo detuviera en su rápido avance el tal "Colis" y piezas menores; salto sobre la trinchera y fue muerto, cayendo al lado de adentro. La derecha e izquierda del referido cuadro estaba defendido por legitimistas que se batían con los bravos hondureños y los pocos pero verdaderos democratas.
Fracasa el ataque
No fue posible tomar el cuadro, y el fuego de arti– llería tanto de ellos como de nosotros, se hizo general por boquetes, torre y trincheras; la arbolería de ese barrio era abundante, quedo todo desramado y el campo cu– bierto de cadáveres. La division hondureña perdio sus dos terceras partes y con el sobrante se reforzo parte de nuestra línea.
Ascenso
Dos días después de dicho ataque y en vista de la escasa tropa de que se disponía, pasé a la sacristía a enseñarle al General Guerrero que estaba cicatrizando la herida y me consideraba un poco apto para el servi– :io. En la orden general quedo consignado mi ascenso :le Subteniente graduado y encargado del puesto de Ara– ;lon, que se recordará era en el tope de la Calle Atrave– iodo, que dividía nuestra línea sur y centro, con Jo que ·enía el enemigo en la Merced.
El Capitári Aragon había sido herido dos días antes
por los rifleros de la torre, en momentos en que él se cruzaba en el soIon, frente a una ventana en que daba vista a dicha torre; fue llevado al Hospital y después de algunos días, no obstante la buena asistencia, se fue al espacio, para ver desde allá nuestra tiránica lucha. En dicho puesto, Aragon tenía un oficial, dos sargentos, tres cabos y veinte soldados que quedaron bajo mis or– denes; todos los más eran leoneses, pero sí debo decir con toda veracidad, que era la flor de la insubordinacion de aquellos aciagos tiempos; agregados a éstos unos seis hondureños de la infortunada division en los que a fines de ese mes de Junio, comenzo con ·todo su furor a hacer estragos el mortífero vomito prieto.
Hambre y sed
A todos los que estábamos 'en esa línea mortífera
y aún (os de cerca de Jalteva, nos desesperaba el hambre
y la sed.
La causa de lo primero lo motivaba la total falta de víveresj porque de la plaza constantemente salían descu– biertas de tropa a fas caminos, para tomar a fas vivan– deros que de los pueblos nos llegaban, ni conocíamos sueldo ni socorro, los que adquirían alguna moneda, era vendiendo ob¡etos hallados en las habitaciones abando· 'nadas, esos tales, mitigaban el hambre y la sed, con el guaro que se vendía a precio subido, por cuya razon lo introducían al campamento en cantidad.
El agua era asunto de vida o muerte. Todos los pozos de ese barrio estaban infestados con los cadáveres del enemigo que allí sepultaban. Solamente había un pozo allá por la Casa de Polvora, que era en la entrada, y se le llamaba el "Pozo de Oro"; pero pocas veces se lograba tomar agua en alguna cantidad sin que costara sangre y vida, pues el enemigo constantemente lo vigi– laba, ya de la torre, ya de la plaza y del cuadro de Pue– blo Chiquito salían descubiertas a impedir tomarlas y el combate se hacía mortífero; solo la noche era fa que me– diaba para el descanso de los beligerantes.
Los hondureños no respetaron tomar el agua de algunos pozos que creían estaban sin cadáveres, y por tal motivo, en ellos tuvo la fatal aparicion del vomito prieto, que dio fin con esa primera division auxiliar.
Radicati
El Coronel Radicati, jefe de la artillería, con la cule– brina llamada San Pedro, derribo una parte de la torre de la iglesia la Merced, y después formo una explanada sobre las paredes de la casa almacén, donde tomé los primeros cuatro avanzados, el 27 de Mayo. Explanada con la mayor solidez, allí coloco el San Pedro y otra pieza menor, con las que constantemente hacía daño al enemi· go aun en sus propios alojamientos.
En el campanario y techo de la iglesia de San Fran– cisco, habían también rifleros que bastante daño nos hacían: y en represalia, Radicati les disparaba con sus dos piezas balas razas y palanquetas. Esta explanada quedaba a la retaguardia del punto Aragon que yo ocupé el dieciocho de Junio, como todo un subteniente gro· duado.
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