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« Previous Page Table of Contents Next Page »'abajo, pasando la cacerina y deshaciendo uha parada,
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quedando la bala encarnada en la cabeza de mi lomo, contra el espinazo;. el golp~ fue agudo. Mis soldados abandonaron sus claraboyas y corrieron hdcia mí, que me creyeron muerto y manifestaron su gozo al oír que les dije: "No abandonen su puesto; atiendan al enemi– go". Uno de mis soldados le dio parte al oficial de la retaguardia y al Capitán Aragon, quien con su tropa re· gresaba a mi puesto. Aragon se apresuro a ponerme en una cama y me mando a Jalteva. En la tarde, por uno de los cabos que llego a verme, supe que el enemigo abandono su proyecto y que estaba reforzado el llamado "Punta de Cordova" con el Capitán Cruz Azmitia y su compañía. A este Capitán le mandé especiales reco– mendaciones para el oficial y mis soldados.
En el acto que llegué a Jalteva, un cirujano, acom– pañado de los doctores don José Guerrero y Sediles, me extrajeron la bala y prepararon la herida. EllO de Junio, mis muchachos, que constantemente me visitaban, me informaron que en nuestro puesto no habían más que 15 individuos de tropa, porque muchos se habían deser– tado, llevándose las mercancías y dinero del almacén por el que pasamos persiguiendo al enemigo, y que no esta· ban más que los estantes y el mostrador. Que en el cuarto donde tomamos los cuatro prisioneros se andaba sobre un colchan de tabaco pisoteado. Que en el corre– dor y patio se veían cajones quebrados, papeles y zun– chos.
los jefes que habían avanzado en la línea centro y sur, también habían dejado atrás tiendas de mercancías y muy buenas pulperías. De todos estos intereses se adueñaron muchos que solo habían tomado el arma para ir a h~cerse de fortuna, y de éstas conozco muchas y otras que las he visto acabar.
El transporte de tales intereses dio el resultado de . que dicho ejército democrático quedara reducido a unos . pocos centenares y motivo de sensibilidad para el que solo aspiraba al triunfo de unos principios que debían transformar a nuestra querida Patria.
Hablando yo con' un amigo, ayudante del Estado Mayor, quedé informado de que los tres cuerpos de ope- , raCiones no habían más que tres pelotoncitos, y que en las trincheras y puestos, lo mismo que en la guardia de honor, solo habían soldados para las centinelas; y de estas escasas guardias todas las tardes se entresacaban soldados para reforzar la línea frente al ala del enemigo. Aunque tal amigo ya no existe, le tributo aún mi eterna gratitud.
En el acto de tener tan tristes informes, los tomé por mi cuenta y examinando detenidamente tal situacion, vi el infalible peligro.
Mi herida estaba muy mejorada y dándome ánimo me levanté de la cama, y entre la iglesia no más, pasé a la sacristía. El General y doctor José Guerrero me vio primero, y levantándose de su asiento se dirigio a encon– trarme, dirigiéndome palabras de cariño, lo mismo que el Auditor de Guerra Joctor don Remigio Jerez y el jefe querido, General Máximo Jerez, que estaba en su cama. Después de preguntas y repreguntas respecto de mi salud, me pregunto qt;e si necesitaba algo; yo contesté que sí, y de mucho; que necesitaba recuperar mi energía para estar apto para algún caso que lo exi~iera. Me despedí de ellos, recibiendo las palabras doradas que son
muy lucidas en esas' circunstancias y regresé a mi cama que estaba bajo del coro.
Contraataque granadino
El enemigo estaba bien informado de la malá si· tuacion de nuestro campamento y esto le prometía un triunfo completo.
El día 11, como a las 8 a.m., el enemigo se apodero de la trincherita nuestra de la callejuela que va para el barrio de Pueblo Chiquito, y que estaba con solo calle de por medio con la plazoleto de la iglesia de Jalteva, que era nuestro cuartel general. El centinela de dicha trin– chera, que estaba solo en ella, disp.aro su arma y corrio a la iglesia, a la que no llego por haber sido muerto. ¡Oh día, que amargo es tu recuerdol
Por la call~ pe la entrada venía otra tropa bátiendo nuestros reducidos cuarteles de la retaguardia. Toda la línea avanzada y situada desde el norte al centro y sur hacía fuego, porque el asalto que intento Chamorro fue general. la tropa que en pequeño número estaba en la iglesia se batían con los que tom'aron la trincherita. El Coronel Hilario Olivas y otros de sus oficiales, que eran de la caballería, se presentaron en la sacristía, diciéndole Olivas al General Jerez, que apenas podía 'sentarse en su lecho, que montara para ponerse en salvo; yo estaba en esos momentos COl') mi fusil en mano, al lado de mi jefe, para quizá morir antes que él; y ese supremo lance fue bastante oportuno para conocer a jefes y subalter– nos.
El General Jerez le contesto a Olivas: "Coronel, o el que más pronto pueda, denme un tison, que debajo de mi cama están los que tienen el suficiente valor para salvarme y salvar este campamento". lo que estaba de– bajo de la cama eran unos barrilitos de polvora. El enemigo estaba peleando a la puerta mayor de la iglesia, con los que en ella estaban defendiéndola a fuego y bayoneta. El General José María Valle Chelon y
su hermano el Coronel Esteban Valle con unos pocos individuos de tropa acudieron en auxilio y allí fue muerto el Coronel y herido el General. Yo había regresado de la sacristía y estaba con los que heroicamente defendían la puerta. El fuego era vivo y nutrido en el cuartel in· mediato a la sacristía me puso en aptitud de acudir con otros a ella para favorecer en cuanto nos fuera posible al General, cooperando con los jefes que con él estaban. El Coronel Olivas con los suyos se dirigio por fuera a la defensa de la puerta del costado norte de la iglesia, que ya casi en ella estaban los asaltantes, y ique tajo el que con su espada descargo Olivas! desde la cabeza hasta el pecho a uno de los que se kmzaron sobre él y los suyos. Varios de Ja caballería, sin voz de mando y solo por instinto natural, arremetieron a los contrarios que nos estrechaban.
En aquellos tiempos los de guardia no estaban con sus armas en la manOi por esta rozan el enemigo se apodero de la trincherita, del ca:ñon y las atmas que es– taban arrimadas. la poca tropa de nuestro' ejército bao jaba sin armas, ya por la proveduría o por los contornos de la iglesia; y en esos momentos de tan grave peligro con palos y piedras defendían' su causa y su vida. la buena fortuna no nos abandonaba; llego la hora en que el enemigo se considero impotente; y después de
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