Page 108 - RC_1966_07_N70

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La tropa vencedora llego a Leon con el puñado de laureles recogidos en el campo de batalla. Se le pago a la tropa sus sueldos y se les dio de baja a los milicianos; tomando de éstos unos cuantos jovenes, yo uno de ellos, y fuimos agregados al cuerpo de veteranos euyo servicio por la leyera de un año.

El General Muñoz, de mañana y tarde, mandaba personalmente los ejercicios militares en las diferentes plazas de aquella ciudad, con la sola excepcion de los días festivos.

En el servicio de éste ascendí a Sargento 2 9 , y no carecía de las voces de mando y el manejo de las armas. Cuando cumplimos el año de servicioí regresamos a nuestros vecindarios con el júbilo de ver y abrazar a nues– tras familias y estrechar la mano de parientes y amigos, considerados como militares de las Autoridades; y yo, entusiasta por tal profesion y con el suficiente conoci· miento de la disciplina, me complacía respetando a la sociedad y recibiendo de ella cariño y consideraciones.

1850 • 1851

El Realejo

El año 1850 y 51, los americanos hicieron su trán· sito a California, por esta Repl¡blica. El puerto de El Realejo era la segunda California; habían desde el mue· Ile hoteles hasta la salida a esta ciudad. También el camino era una hermosa calle, con hoteles y cantinas, donde se servía a los pasajeros lo que apetecían. Con la afluencia de gente de las vecinas repúblicas y de todos los pueblos de la nuestra, faltaron casas, las que se al– quilaban eran a un precio que parecía fabuloso decirlo. Yo alquilaba a la junta municipal el cuarto que en el cabildo servía para encierro de mujeres, pagando 25 pesos. Las casas construídas por los yankees para sus hoteles eran de madera unas, y otras que se les decía carpas. Las primeras eran de tres pisos. La calle era recta desde el muelle hasta la salida para esta ciudad; de Hotel a Hotel se cruzaban en alto las tablas en que se leía el nombre de cada Hotel, pintada y simétrica· mente colocada.

Lo moneda blanca se escaseo de tal manera que, para conseguirla se daba premio pues era oro el que circulaba en esterlinas, desde a dos pesos hasta cincuen– ta. Los juegos de azar eran p' blicos de día y de noche; los yankees tallaban naipes y las mesas cubiertas con hermosas carpetas y sumas de águilas de todo valor. En el corredor de la casa cabildo se colocaban mis tres mesas en que se trabajaba calzado, cada una con sus co· rrespondientes artesanos. No era suficiente el que se trabajaba en el taller: era mucho el consumo: tenía que comprar partidas que de varios pueblos me llegaban. Las músicas eran de día y noche, ya en la calle, ya en casas ocupadas por hermosas morenas que de varios lu– gares llegaban a buscar fortuna.

En la bahía de Punta Icaco (hoy Corinto) se veían vapores de todo calado; todos los días entraban unos con carbon, los más con pasajeros de California. Estos hombres venían cargados de oro en moneda, en polvo y pepitas. Pero, perdonadme, querido lector, que no ha sido mi intencion historiar esos tiempos, porque compe– tentes plumas lo han hecho ya.

Golpe de Estado de Munoz

En el 4 de Agosto de ese año 51, el General Muñoz dio el cuartelazo en Leon, echándose sobre el gobierno que en aquellos tiempos tenía allí su residencia; lo saco, expulso junto con otros señores por el puerto Nacascolo, en la acreditada lancha "Veloz" con direccion a Hondu· ras. '

El General Muñoz ordeno el reclutamiento para oro ganizar fuerza con que debía sostener su usurpado poder.

Los expulsQldos se entendieron con el gobernante de aquel Estado y regresaron con una columna de tropas al mando del General Francisco Lopez (a) Cutacha. Al te· ner yo tales noticias, me puse de acuerdo con mis amigos, poniéndonos en camino. El invierno fue copioso y el de ese año será recordado por los que sobrevivan.

A fines de Octubre nos pusimos en camino sin que nos detuvieran las aguas de los llanos que estaban uni· das con las de esteros y ríos; ni lo empapado de los ves· tidos, ni la falta de provisiones de boca. En la noche tomábamos las precaucion de extraviarnos un poco del camino para no ser sorprendidos por ninguna escolta; pasando esas noches espantando mosquitos. Felizmente salimos al llano, entrando a la quesera de Aguilera, don· de satisfacimos el hambre y repusimos el sueño perdido. Al siguiente día, dando un rodeo tomamos el camino de Somotillo, a donde llegamos al siguiente día; en la tarde llegaron los Coroneles José María y su hermano Dionisio Villanueva con otros chinandegas. Eran ya días de Noviembre, el invierno no era ya muy copioso ,los cami– nos mejoraban y los ríos daban vado.

Descansábamos de fatigas tan penosas, cuando nos llega la feliz noticia de la proximidad del gobierno con la fuerza hondureña; y en efecto, esa tarde ocuparon Somotillo, y tanto los que de aquí habíamos llegado co– mo los adictos de aquellos pueblos, fuimos organizados, y arreglado todo, esperamos ansiosos la luz del nuevo día. Al toque de diana se siguieron los de formadon y marcha. A los dos y medio días de camino llegamos a los planes de esta ciudad, encontrándonos con grupos de hombres que ibon armados con escopetas y machetes, dándonos la noticia de estar en la plaza el Capitán Cle– mente Rodríguez Cachirulo con 50 hombres de la fuerza veterana evacuando comision de su gobierno. Este ofi– tial no tenía noticia del arribo de esta fuerza a esta ciu– dad y fue sorprendido; pero de los oficiales que aquel jefe tenía de confianza era éste quizá el primero por su valor a toda prueba e instruccion y disciplina.

Aunque nuestras armas y parque venían húmedos, no nos detuvimos en arrollarlos, teniendo en nuestro favor todo el pueblo. El Capitán Cachirulo dio pruebas de su valor y disciplina: sostuvo la accion no menos de tres horas, haciéndonos varias bajas entre muertos y heridos. Quedamos en posesion de la plaza y muy de maña· na del siguiente día, se dirigio el gobierno con la fuerza para Leon; mas antes que se llegara a Chichigalpa se tuvo la noticia de estar allí los enviados de Muñoz, que venían a arreglar la capitulacion de aquel jefe. Se con– tinuo la marcha yen la tarde entramos a Leon. También al siguiente día entro con su tropa el General don Fruto Chamorro, que en los días de ausencia del gobierno, le estuvo llamando la atencion al intruso gobierno, habien-

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