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« Previous Page Table of Contents Next Page »direcciones a Jos nortes de la vega del río.
. El Chelon, Somoza y otros cuantos leoneses subal-ternos, fueron sin descanso a asilarse a El Salvador, quedando esta plaza a merced de los pericos, quienes en el resto de la tarde se ocuparon de saquearla.
El experto General Muñoz, que bien conocía la mala conducta del jefe hondureño y su tropa, le siguio para no darle lugar a que hicieran en esta ciudad, lo que hi– cieron en Leon el año 44, y lo mismo que hacían en todas partes. Sin embargo, este pueblo de Chinandega fue sa– queado e incendiado desde el barrio San Lorenzo y todo el pueblo indígena pasando esa misma noche al pueblo de El Viejo.
El General Muñoz ocupo esta plaza en la mañana del siguiente día, y le impuso a Guardiola evacuar la República, lo que ejecuto aquel jefe de panteras a la ma– yor brevedad.
Pánico y zozobra
A fines del año siguiente, un día muy temprano de fa mañana se veían grupos en las calles y en las puertas de las casas, en su mayor parte mujeres, con gran pánico y zozobra, al ver a Somoza, Charingos y otros tantos de mala nota, quienes salieron al Realejo la noche antes, y haciendo cruzadas por las inmediaciones de esta ciudad llegaron al pueblo de El Viejo la misma noche, dándole muerte el acaudalado don Bernardo Venerio, apoderán– dose del dinero y alhajas de la familia, y después de ultrajar a ésta, dieron muerte a don Domingo Guzmán y a otro cuyo nombre no recuerdo. DQspués de los bár– baros asesinatos, robos y ultrajes hicieron su regreso en– trando a esta ciudad.
El extranjero don Sebastián Salario, acostumbrado a hacer su baño todos los días muy temprano de la mañana en el pozo que se llamo Veracluz, se hallaba allí esa mañana y allí fue tomado por los foragidos de Somoza, trayéndolo a la plaza y presentándoselo al jefe que es– taba montado y con lanza en mano y sin atender a otro sentimiento, sino solo al de su ferocidad, enristro su feroz lanza, saliendo ésta por la espalda y con su luneta abría el abdomen, cayendo el desventurado al suelo, y esto a vista y paciencia de la muchedumbre. A continuacion con sus secuaces tomaron el camino que conduce a Leon y como a medio día entraba a esta ciudad el cadáver de don Guadalupe Rivas, esposo de doña Dolores Amaya, quienes estaban en su hacienda de caña no lejos de esta ciudad.
1849
Hacia Rivas contra Somoza
En este año fuí citado para presentarme en Leon ante el señor mayor de aquella plaza y en la misma ma– ñana que llegué junto con la recluta que aquí se hizo fuimos organizados formando la compañía de don An– drés Somarriba (a) Muñuque.
Al siguiente día, el ejército salio de Leon haciendo noche en Pueblo Nuevo, de donde salimos muy temprano de la mañana: siguiendo la marcha con díreccion a Ma– nagua, llegamos a este lugar en la tarde de ese mismo día. Al siguiente, como a las 7 a.m. fue fusilado en el cementerio de la iglesia, el clarín de ordenes del General
Muñoz, cuya falta que lo hubo condenado a esa pena, la ignoro hasta el día. El tribunal que formo el consejo de guerra, lo integraron los Coroneles Ballesteros, Félix Ramírez "Madre Gil" y los otros que no recuerdo. Creo en mis dudosos recuerdos, que 01 doctor don Máximo Je– rez, era auditor de guerra. También tengo presente, que don Fruto Chamarra iba como segundo jefe en esa ex– pedicion. Después de la ejecucion del corneta Virgo– 1ierno, se continuo la marcha, ocupando Masaya en la tarde de ese día y al siguiente para los pueblos haciendo noche en Nandaime; agregando una compaía que estaba lista. Esta compañía era de gastadores, iban provistos de hachas y machetes. Estos instrumentos en manos de aquellos nandaimes nos llamaron la atencion. Tempra– no de la tarde se continuo la marcha con rumbo hacia el suroeste, habiendo pasado la noche en una hacienda que, según su fachada estaba bastante arruinada.
Como a las 10 a.m., hubo d~ llegarse por camino de grieta, jícaros y zarzales y bastante extraviado del ca–
mino nacional, al río Ochomogo, ancho, pedregoso y cre– cido. Lo pasamos por balsas y andaribeles: allí se hizo alto, tomando nuestro rancho, que se componía de tato– poste groseramente beneficiado, queso y carne salada. Los gastadores comenzaron su trabajo, que era el de abrir camino en la parte de montaña, derribando árboles y con ellos formando tapescos, para que hombres y bes– tias pudieran pasar aquel pantano, donde el que caía costaba desato liarle.
Tres noches y dos y medio días se emplearon para estar en tierra firme y campo libre de penalidades. Esta marcha o expedicion, la he tenido siempre presente por las mil pen·::didades, que como soldados fieles y subor– dinados, hubimos de soportar. A pocas millas de ese iugar había una hacienda de ganado, sin embargo, nuestro jefe dispuso pernodar esa noche en el campo, excusando el que alguien viera a nuestro ejército. Después de diana, sig:Jieron los toques de marcha,
y antes de tocar con fa primera hacienda de cacao, se hizo alto para prepararnos
COl') la racion de rancho. Concluída ésta se continuo la marcha, entrando de ha– cienda en hacienda, con el precepto de guardar el ma· yor silencio y escusando de tocar con las casas de dichas haciendas; hasta en la madrugada se rodeo una hermosa casa, colocando guardias en las puertas y tomando otras precauciones; sin permitir a sus moradores salir de sus piezas.
Se dio orden de revistar las armas. Ya de día los que llegaban a dicha hacienda eran también detenidos. A las 9 a.m. salimos al camino, ya en guerrillas, entran– do a las primeras calles de la ciudad de Rivas (antes se decía Nicaragual las tropas francas de la revolucion cuyo jefe era el asesino General Somoza, andaban en esa calle y en los cuarteles solo las respectivas guardias. Por diferentes calles nuestras guerrillas y a paso de ma– niobra cargamos sobre los cuarteles, sin dar lugar a que la tropa franca regresara a ellos; enre dos o tres horas éramos los vencedores.
Se persiguieron a los derrotados y como a las dos de la tarde, la caballería al mando de su comandante el Coronel Laureario Cachirulo, presento a los que había tomado, viniendo entre éstos el General Somoza. Como entre el cinco o el seis, las tropas regresaron a Leon, ha– biendo sido el que escribe ascendido a Cabo 1 9 •
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