This is a SEO version of RC_1966_07_N70. Click here to view full version
« Previous Page Table of Contents Next Page »Presintiendo proximó el fin de mi jornada eh este .. mundo de ilusiones y falsas promesas escribo los tristes recuerdos, presentándolos lisa y llanamente. Son las fatigas y peligros en que se ha agitado y ha sido ex– puesta desde mi temprana edad, mi existencia.
Nacimiento y Familia
Nací en humilde cuna, el 24 de Marzo del año 1821. Mis padres tuvieron su prole de nueve hijos: yo fuí el octavo¡ mi padre, oriundo de Costa Rica, respondía al nombre de J. Carmen Cordova. Mi señora madre, na· tural de esta ciudad de Chinandega, respondía al nombre de Simona Campos.
Mi padre muria el 25 de Febrero del año ~ 841. En aquellos tiempos, los establecimientos de ense· ñanza no eran más que uno sostenido por el Municipio, cuyos fondos no fe permitían proveerle de útiles y quizá ni para cubrir al Preceptor sus honorarios. El alumno solo se servía de unas pautas para reglar el papel y de– bía de llevar consigo su obra de lectura, que no era otra que Cartilla, Catan, Catecismo o Nuevo Testamento. Los padres de familia más acomodados, mandaban a sus hiios a otros fugares.
Por tales difíciles dificultades y la situacion apre– miante de mi anciana madre, no fue posible ni a mí ni a mis hermanos adquirir conocimientos científicos, y nos conformamos con aprender, cada uno, la profesion u ofi– cio que más le agrado, para subsistir de ella.
En esta ciudad no habían resguardos, era la auto– ridad civil la que guardaba el orden público, acudiendo, caso necesario, con patrullas de rondines, y para la vi– gilancia en la noche, con una numerosa ronda de paisa– nos.
Con largos intervalos venían de Lean escoltas en comision¡ con Jo presencia de ella, el pueblo se alarmaba, quedando las calles en completa lobreguez.
Reclutado
El año de 1848, el alcalde pedáneo, José María Valle, con su patrulla de rondines, cada uno portaba lan– za, machete o garrote, se introdujo a mi casa como a las nueve de la noche, sacándome del hogar doméstico y conduciéndome a la cárcel, en la que habían 'otros jove– nes.
Don Mariano Montealegre, era en aquella época el comandante de este distrito, y de su orden se hacía en aquella noche la recluta pedida por el jefe de armas, que lo era el General Muñoz, en Lean.
Contra los Moscos
Muy temprano de la mañana del siguiente día, se nos condujo a Lean y, orgpnizados en la compañía del Capitán don Lino Sáenz, quedamos listos en la columna que fue llevada a Granada, la que sin pérdida de tiem– po, fue embarcada en las piraguas que con tal fin esta– ban listas, para conducirnos a San Juan del Norte¡ donde las hordas mosquitas asesinaban empleados públicos, incendiaban, robaban y no saciaban su instinto salvaje. La noche que fuí reclutado padecía la enfermedad , de mal de ojos, que con los soles, serenos y agitacion de
la expedicion y de las indispensables fatigas del servicio, fueron motivos poderosos para gravarme¡ sufriendo agu– dos dolores y penas sin comparacion¡ pero en El Castillo hubo que estacionar dos días y tres noches, los que me fueron favorables, pues el cirujano acudio con esmero al restablecimiento de mi salud.
Al tercer día se continuo la navegacion, llegando en la mañana del siguiente día a la bahía del puerto, en la que habían numerosos pipantes. Estas embarcaciones son secas y largas, que bogan no menos de 10 hombres en cada una y tanto éstos como los más que en ellas iban¡ llevaban sus arcos y haces de dardos, armas con que nos batían. Se nos dio la orden de fuego, uno de nuestros bogas fue muerto y herido el soldado José Francisco Viejano.
Los vecinos del puerto, al oír la detonacion de nuestras armas en la bahía, se armaron, y con valor aco– metieron sobre las turbas de moscos que estaban en tie– rra: este proceder dio valor y tiempo para que parte de nuestra tropa desembarcara¡ cargamos con heroísmo a dichas turbas, bajo una nube de dardos. Yo al ver la sangre de mis compañeros, comprendí que en la presteza consistía el alcanzar un feliz éxito. Esta idea me empu– jo adelante y siendo secundado por los pocos que me acompañaban, vi el buen éxito de nuestro brutal arrojo. Las hordas salvajes se d;spersaron por aquellos montes pantanosos¡ y los que embarcados peleaban se deslizaron en sus pipantes por la costa del mar. Incon– tinenti, se recogieron a los heridos para atenderlos, y los cadáveres de nuestros soldados fueron sepultados, sacan– do fuera del puerto los de los moscos.
Restablecida la tranquilidad y repuestas las autori– dades, regresamos al interior y ya en Lean, fueron liquidadas las compañías y dádoseles de baja¡ el pago fue en plata y ropa. Yo fuí ascendido a Cabo 2 Q en el Puerto.
El Chelón y Somoza
Por los años de 46 y 47 habían tenido lugar las revoluciones del Chelon, acaudillados por él los adictos, y como segundo jefe el General Bernabé Somoza. La primera revolucion fue deshecha el 16 de Agosto en esta plaza de Chinandega y la segunda, cuyo ejército era nu– meroso, pero de indios segovianos sin ninguna instruc– cion militar, fue deshecha en la Hacienda Galarza, por el General Trinidad Muñoz, con solo sus veteranos bien disciplinados.
Los "pericos" de Guardiola
El Gobierno teniendo informe del respetable ejército de Chelon y para asegurar el triunfo, había pedido auxi– lio al Gobierno de Honduras, y en efecto, vino Guardiola con sus afamados "pericos"¡ sanguinarios, incendiarios y
diestros en el saqueo. Pero el General Muñoz, antes que Guardiola con su afamada columna de pericos se aproximara a él, dio el triunfo, derrotando completamen– te la lucida division segoviana. GuardioJa sin dar descanso a su gente, persiguio las partidas de indios de– rrotados que venían a favorecerse a esta plaza. Por diferentes calles las guerrillas de pericos r.a::ían un fuego vivísimo, los perseguidos indios corrían por diferentes
-2-..
This is a SEO version of RC_1966_07_N70. Click here to view full version
« Previous Page Table of Contents Next Page »