Page 124 - RC_1966_05_N68

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las provIsIones, las cuales de nada nos serVInan. Le hice ver la presencia del sargento y los otros hom– bres que estaban montando guardia, pero le pare– cieron poca cosa, diciendo que con "su mosquete, su machete y los ma±orrales", los podría eliminar él solo sin la ayuda de nadie. A pesar de mi opo– sición, lo único que los detuvo de llevar a cabo su plan fué la posibilidad de que el otro bongo, con todos sus soldados, los persiguiera.

La tarde del tercer día llegamos a la fortaleza. No creo que hayamos tardado más de treinta y seis horas en bajar el río, y estoy seguro de que los In– dios hacen el recorrido río arriba hasta llegar al Lago en uno de sus dories fácilmente en tres días, y hacen el misU"lo recorrido río abajo en menos de la mitad de ese tiempo. El comandante de las ins±a– laciones me recibió con educación y dijo que sentía mucho que me hubieran tenido tanto tiempo en San Carlos y Granada, que habían ampliado las guarni– ciones por ±€luor a ser aiacados de nuevo en el puedo y que las dos goletas habían zarpado no hacía mucho, y que por entonces ya estarían en puerio o en Iuanos de sus enemigos.

Al siguienie día de nuesira llegada, ingresaron al puerto unos cuantos Misqui±os procedentes de Bo– ca de la Tor±uga. Habían oído hablar de nuestra caplura y habían recibido órdenes del Almiran±e de darme todas las cosas necesarias para que regresa– ra al Cabo sin demora, pues el Rey había dado or– den de que se me facilitaran caballos, provisiones, hon,bres, embarcaciones, etc. Y tan ansiosos es±a– ban de cun,plir con esas órdenes y de enterarse de nuestras aventuras, que inmediatamenie se dirigie– ron a la colonia de Rama, sin detenerse a cazar ma– nalíes, que era lo que en un principio tenían planea– do hacer. Por consiguiente, después de echar oiro vistazo al sitio donde por poco perdí la vida, me enlbarqué con esos Indios y en la colonia de Rama fuí recibido por Pedro, el hombre principal del lu– gar, quien me hizo objeto de finas atenciones. Nos

proporcionó un gran boie para trasladarnos a Blue– fields, y de allí a Laguna de Perlas, donde fuimos recibidos con mucha alegría, pues les habían con±a– do que me habían dado muerte y que habían ven– dido a los Indios como esclavos. En Laguna de Per– las Scipi, el hombre principal del lugar, nos dio una canoa para que cruzáramos la laguna y llegáramos al puerto. De allí nos fuimos a pie hasta llegar al pueblo de Drurnmer, quien nos proporcionó caba– llos, y al día siguiente llegamos a Prinzapolka, la ciudad natal de mis Indios. De un modo u airo la gente se había enferado de nuestra llegada, y des– de antes de llegar a las cercanías de la ciudad, nos fue a recibir una muchedumbre, que se alegraron sobremanera de ver regresar a sus amigos, a quie– nes ya daban por muertos. Brown y sus compañe– ros fueron bajados de los caballos y casi devorados por las caricias de sus amigos y parientes, quienes hasia lloraban de alegría al ,verlos y al mismo ±iem– po proferían insuI10s contra los españoles. No pu– de evitar el pensar de lo que me habría sucedido, si, por descuido mío, estos Indios hubieran perecido

y 'Ita hubiera caído en manos de sus familiares. Me dirigí en mi caballo hacia la residencia del Rey, pero pronio me dió alcance Brown acompañado de Para, uno de los hombres principales, y airas an– cianos venerables que se habían enterado de lo mucho que me había preocupado por el bienestar de .mis cOlupañeros y atribuían su libertad a mis esfuerzos; por lo fanio me consideraban uno de sus mejores aluigos y me trataron con la mayor fineza

y consideración. Ulfirnamen±e habían estado pla– neando una expedición contra las colonias Españo– las que les quedaban más cercanas, con la inlención de robarse a algunos Españoles y tenerlos como re– henes para garantizar la seguridad de Brown y sus compañeros. Me hicieron muchas preguntas con respecto a posibles fuerzas de los desfacamen±os es– pañoles, y se sirvió abundante mishla, con lo cual pasarnos una noche de regocijo y confen±o.

«:::OliMlI1!.!lcila generosa de les ¡illicUas. ~ Su [(cHaI@ de na enpedicillÍlI1l de lLord MelslI)!ll. ~ Viaje aH Calb@ fí]ll'lilIcias

al Daos. =_ Tamaño y vaRcE' aie la caoba, elle. ~ Homlbll'es :M!üsqllliRos. ~ Cmelda«i «le ban:as• .--. Disnfill1givo

de! Rey. = Viaje a BeXice. ~ lltaeon. - Visila a. IlUadt lRivelr. ~ Caribes y el Pan Call'ibe. ~ Collonias, mIii!lioria. \" €:óbl\'áelleír de Fes Caribes. - Región de los Payer. = lisias de Guanaja. = Roalán. ~ TO!m1len.

lioso viaje por !a bahña ti-e !¡@IIUll1l!lI'<Us.

Durante los pocos días que penuanecí en Prin– zapolka, el hombre principal me sugirió que perma– neciera completamente entre ellos, y me aseguró que si así lo hacía y me identificaba con ellos co– mo mielubro de la tribu, ellos a su vez no solo me defenderían sino que, por medio de ellos, podría llegar a hacer gran comercio, tanto en la costa co– mo en el interior y pronfo estaría rico. Aunque no puede aceptar sus propuestas, no tenía la me– nor duda de que lo que me proponían habría sido posible. Dije a Brown y sus compañeros que, por la pérdida de mis bienes, embarcación, e±c., no fe– nía con qué pagarles, por el momento, el tiempo qUe habían perdido y las dificultades que habían pasado¡ pero dividí lo que me quedaba de dinero

enire ellos, reservando únicamente para mí lo esen– cial para mi viaje a la Bahía de Honduras. Al prin– cipio no solo rehusaron el pago sino que, para sor– presa mía, sus amigos me dijeron que habían re– servado una parle del carey para mí antes de en– ±erarse de que yo había caído preso, y que ahora estaba a mi disposición. Que luego, cuando me re– cuperara de las pérdidas que había sufrido, les po– día pagar. Aún más: aunque Brown y sus Indios se habían perdido de pescar toda la femporada de– bido a las desgracias que me pasaron, ellos insis– tieron generosamente en pagar a sus paisanos fado el dinero que acababan de recibir de mis manos, a cuenta de ese carey, siendo este uno de los rasgos de su carácfer que en vano busqué en los Misqui-

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