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« Previous Page Table of Contents Next Page »sobrios movimientos, como sacerdotisa que llevara los sagrados vasos. A la vez, el andar de la española, no exenta de altiva dignidad humana, tiene en si algo de la graciosa condición de un animal felino, cuyo cuerpo todo es vivo y sus movimientos mesurados, sin exceso ni superflui– dad aiguna" Todo esto es apiicable a la mujer nicaragüense, sobre todo a la mujer popular, pues en la familias acomodadas no es rara la seño– rita educada en ciudades europeos que ha adquirido maneras y aires extran– jeros, cuando menos, los que han estado en colegios religiosos, la parsimonia un poco Sacre Coeur, o lo señorita educada en los Estados Unidos, ademanes norteamericanos y modos demasiado amazónicas para una raza de gracia. De mi diré que después de tantos años de ausencia y de haber recorrido tan– tos paises, encontré en mis compatriotas un encanto que por un lado me parecía lleno de atractivo exótico, y por otro reavivaba en mi memoria im– presiones ya casi perdidas en la lejania de mis primeros años. Habituado al bullicio de las grandes ciudades, a las comunes y sabidas elegancias femeni– nas de las populosas metrópolis, me sentía dulcemente subyugado por las figuras como de misterio que en aquel ambiente voluptuoso solía percibir en los salones, visibles desde la calle, salones en donde, por la noche, se mecen perezosa y tropicalmente en las sillas de junco, o en los tibios crepúsculos, a las puertas de las casas, coma es usual, donde se admira la gentileza de tanta pálida beldad de grandes ojeras, no lejos de los jardines que esparcen por oleadas embriagadores perfumes de flores que causan casi como una gra– ta angustio El desarrollo de la planta humana es allí prodigioso Hay niñas espléndidas, semejantes a rosas o a frutas. En el pueblo de León, eh el mercado, por ejemplo, he visto jovencitas de doce, de trece, de catorce años, ya Iístas para la maternidad en la más precoz de las adolescencias. Y recordaba la graciosa boutade de Maurice Donnay" et tu n'ignores pos que dans les pays chauds, on est plus vite arrivé á I'áge de puberté que sous nos froids c!imats d'Europe, les républiques sudaméric<¡ines ayant pour devise
i Puberté, Egalité, Fraternité!" En verdad, allí pueden encontrarse esos tipos de adolescentes a la oriental que de tan caprichoso modo se describen en
Las mil noches y una noche, que tradujo el doctor Mardrus
No es en los bailes o en las recepciones, que son más o menos iguales en todo país civilizado, en donde más demuestran su especial donosura las damas de aquella tierra, sino en ciertos paseos campestres, y, sobre todo, en las fiestas a la orilla de los lagos o en las riberas del mar. Allí cantan y danzan gallardamente aires y sones del país, o alegres fandangos y músicas de España, que quedaron desde la época de la colonia Todo ello es muy patriarcal, muy primitivo, si gustáis, pero para mí de un deleite irrempla– zable.
Por una temporada en Poneloya, cuando se aqmiran esas noches "que bien pudieran ser días donde no hay noches como ellas", según la estrofa del poeta colombiano, daría yo cien veces los halagos europeos de la cosmopolita costa de Azur, o cualquiera de los lugares famosos por sus casinos, kursafes
y demás edenes de artificio.
Al hogar no ha llegado el modernismo, y, generalmente, se procura contentar los deseos del buen Fray Luis de León Las familias numerasas abundan, pues la fecundidad es extraordinaria y no se sospecha ni se desea sospechar a Malthus A pesar de la victoria de los principios radicales en la política, la mujer, como en casi todos los países, conserva la religiosidad y mantiene las prácticas de devoción La ortodoxia se muestra, sobre todo, en las gentes distinguidas y ricas Las aristocracias en todas partes son las
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CORTESIA DE INDUSTRIAS DACAE
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