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« Previous Page Table of Contents Next Page »chando la riqueza de los bosques, que es extraordinaria, combinan los car– pinteros y ebanistas piezas de exposición que son maravillosos mosaicos. Sorprenden las vivaces disposiciones mecánicas El primer automóvil que haya llegado a la República fue el del Presidente Zelaya Con él fue un chauffeur francés Al poco tiempo los buenos conductores no escaseaban y hasta algo como un Charles Cros nicaragüense ha habido que haya expe– rimentado allá un sistema de teléfono sin hilas mucha antes de las hoy triun· fantes tentativas de electricistas europeos. Me refiero al doctor Rosenda Rubí, que obtuvo en Washington una patente el año de 1900
Si el clima predispone para la fatiga y hay en él el tropical incentivo de la pereza, adelanta, sin embargo, ia actividad artesna Managua, León, Masaya, Granada, Rivas, Matagalpa, son cent'ros principales' de trobajo Aunque las condiciones de vida del país son tan diversas de las que hacen levantar protestas al obrero en naciones europeas y americanas, no ha deja– do de sentirse por allá uno que otro vago soplo de espíritu socialista, mas no ha encontrado ambiente propicio en donde nadie puede morirse de hambre ni hay vida de dominadores placeres
El nicaragüense es emprendedor, y no falta en él el deseo de los viajes y cierto anhelo de aventura y de voluntario esfuerzo fuera de los límites de la patria En toda la América Central existen ciudadanas de la tierra de los lagos que se distinguen en industrias y profesiones, algunos que han lo– grado realizar fortunas y no pocos que dan honra al terruño original. No es el único el caso del navegante matagalpense de que hablara Angel Ganivet; y en Alemania, en Francia, en Rumania, en Inglaterra, en las Estadas Unidos sé de nicaragüenses trasplantados que ocupan buenos puestos y ganan hon– rosa y provechosamente su vida. Recuerdo que, siendo ya Cónsul de Nica– ragua en París, recibí un día la visita de un hombre en quien reconocí por el tipo al niCaragüense del pueblo Me saludó jovial, con estas palabras, más o menos "No le vengo a molestar, ni a pedirle un solo centavo Vengo a saludarle, porque es el Cónsul de mi tierra Acabo de llegar a Francia en un barco que viene de la China, y en el cual soy marinero Es probable que pronto me vaya a la India". Se despidió contento coma entrara y se fue a gastar sus francos en la alegrío de París, paro luego seguir su destino erran– te por los mores.
IV
Cuando llegaron los españoles o Nicaragua existía ya en los naturales cierta cultura intelectual, sin duda olguna reflejado de México. Cierto que en Guatemala, entre los quichés, había una civilización superior, más los nicaragüenses no eran en verdad bárbaros, cuando Gómora señala en ellos ciertos adelantos
Todo esta no obsta para la crueldad de los ritos, que, como los mexica– nos, tenían su parte de ontropofagia De todas maneras, había libros y archivos, que, según dice el historiador Gámez, "fueron tomados por los españoles y quemados solemnemente en la plaza de Managua, por el reve– rendo padre Bobadillo, en el año 1524" Bobadilla no hizo sino lo mismo que el obispo Zumárraga hiciera con los tesoros escritos de la capital de Moctezumo. No iban a América los conquistadores a civilizar, sino a ganar tierros y aro; y a la América Central le tomó la peor parte, entre aventureros de espada y frailes terribles
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CORTESIA DE
CLUB 113
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