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to rumor se esparce de los sonoros bananeros o platanares., de los árboles enormes y caprichosos sobre los que saltan las ardillas grises y vuelan las palomas arrulladoras, y los carpinteros y los pitorreales, y toda la fauna alada que haría las delicias de Ovidio!

Desde la cumbre de las sierras pobladas de fincas divisanse el lago de Managua, al fondo, y más cerca la laguna de Nejapa. Los colosales volcanes semejan, en la diafanidad de los crepúsculos calcados en los cielos puras, extraordinarios fujiyamas, y la luz de la ilusión, siendo de una trans– parencia de acuarela Excursiones o caballo, paseos a pie, salidas cinegé– ticas, distraen y alegran las horas Suele haber reuniones e improvisados bailes entre los vecinos de las propiedades, yesos voluptuosas y como lán– guidas damas que van a pasar días de campo a las "haciendas", diríase que son las hadas de los parajes, las divinidades vivas y carnales

. Más de una vez pensé en que la felicidad bíen pudiera habitar en uno de esos deliciosos paraísos, y que bien hubiera podido tal cual inquieto peregrino apasionado refugiarse en aquellos pequeños reinos incógnitos, en vez de recorrer la vasta tierra en busca del ideal inencontrable y de la paz que no existe Pocas horas de mi existencia habré pasado tan gratas y vividas como aquellas en que, al estallar las mañanas en una cristalería de pájaros locos de vivir, salía yo con mi escopeta, en compañía de un joven amigo, a recorrer los caminos, a bajar por los barrancos, a buscar entre los ramajes la deseada caza Y al retorno, ningún plato de Champeaux o de la Tour d'Argent fuera comparable con los que, perfumados de las hierbas y especias de la tierra, regocijaban nuestro paladar y nos ponían, con el guS– to de los condimentos y la satisfacción de la gula, un humor semejante al de ese modesto, pero excelente y bienhecho poeta que se llamó Saltasar de Alcázar

Entre todas las plantas que atraen las miradas, lIévanse la victoria palmeras y cocoteros, que en el europeo despiertan ideas coloniales, los via– jes de los antiguos bergantines y las inocencias de Pablo y Virginia, de cuyo casto absurdo convencen los relentes de las selvas y las continuas insinua– ciones de la tierra El Trópico transpira savias amorasas, y allí Cloe daría a Dafnis las dulces lecciones de manera que dejaría suspensa por el asombra encantado la pastoril flauta de Langa El bananero erige su ramillete de estandartes, de tafetanes verdes, sobre los cuales, cuando ilueve, vibra el agua redobles sonoras, y las palmeras varias despliegan, unas, bajas, como

pavos reales, anchos esmeraldinos abanicos, otras, más altas, airosos flQbe~

les, las otras son como altísimos plumeros, orgullosas bajo el penacho, ya entreabierta la colosal y oleosa y dorada flor del "coroso", ya colgante la copiosa carga de cocos, cuya agua fresca y sabrosa es la delicia de las ca– nículas

En anchos y lisos secaderos pónese el café al sol, una vez cortado y recogido Luego pasará a las máquinas descascaradoras, que lo dejarán limpia y listo para ser puesto en los sacos de bramante que han de ir a los mercados yanquis, a los puertos del Havre o de Homburgo No es la cose– cha nicaragüense tan crecida como la de otros países vecinos, pero en Nica– ragua se produce ese grano fino que supera al mismo moka por su sabor y perfume, y que se conoce con el nombre de caracolillo Una buena taza de su negro licor, bien preparado, contiene tantos problemas y tantos poemas como una botella de tinta.

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CORTESIA DE

BANCO NACIONAL DE NICARAGUA

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