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me voy pala el Corregimiento de X -solía decir o Don

Luis Batres- estOfé ausente vatios semanas, si nece~

sito lo espado me mondo avisal" En Junio de 1863, durante la Liltima gue, ra con El Salvador, escribio desde Cholchuapa a Don Pedro de Aycinena, Jefe del Consejo de Estado desde el reciente fallecimiento de Don Luis Bato es "Pronunciado Santa Ano que es esta

noche, creo muy conveniente que el señor Obispo sal–

ya sin demolo pOI a esto ciudad, a/ mismo tielnpo

deseara que viniero con plOntitud alguna persona que

d¡ligie1a /0 político, pues ya Creo que la cuestión no es

de balozos Yo soy lego en ésto" Y luego agrega

°Yo haré aquí lo que pueda con mis escasoS' capaci–

dades, todo me pOlece conduir muy pronto y satis–

factoriamente, sin derramamiento de sangre" Des–

pues de veinticuatro años de ejercer funciones

pLlblicos, de presidir los destinos de Guatemala (y pue– de decir se que de todo CentlO América), Correr<! todavía se consideraba lego en asuntos políticos y con muy escosas capocidades Otro, en su lugar, se ha–

bría creído un Bismorck, un Metternich, un Cardenal

de Richelieu Y téngase en cuenta que, cuando dic– tobo esa carta, Carrera tia era ya el analfabeto que entró a Guatemala a la cabeza de sus "salvajes" el 13 de Abril de 1839, no sólo había áprendido o leer y a

esel ibir, sino que poseía alguna culturo, especialmente

en Historio, por lo que mostroba mucha afición. Lo modestia de Con era no ero fingida, y pudo conservarlo' pOI que no fue muy adulado, si lo hubiera

sido, como se elee generalmente, habría perdido esa

cualidad tan simpático ¿Y quiénes pudieran haber sido los aduladores? ¿Los aspirantes a los empleos

públicos~ Nadie quería desempeñarlos ¿Los diri– gentes de lo política~ Muy ciegos tendríari que haber sido los usufructuarios del Gobierno, tanto conservado– res como liberales, para adular o quien prescindiría de

su's servicios en el momento mismo en que se creyera

capúz de gobe, nar personalmente

Del General Carrera se hicieron en su tiempo grandes elogio>, In"S no en Guatemala ni por guate– maltecos Aquí sólo cuando regresaba victorioso de

una de sus compañas guerrerds, 9 en el qio de su

ctJmpleaños, le dedicaban sonetos o wntos líricos ul–

gunos jóvenes entusiastas, que solían publicarlos en

hojas volantes, muchos veces sin firma Pero cuando

se camparon estos adulaciones infantiles con los que se tributaban a Napoleón 111, de quien lo prenso fran– cesa decíu que sobrepujaba en talento y en genio mili–

tar o su tío, el gran Napoleón, nuestro ánimo se

satisface, porque se ve que en ese tiempo los guate–

maltecos no eran tan serviles, ni tan aduladores como

los franceses con su mediocre Emperador

Para muestra de lo qL!e se escribió sobre Carrera por olJtoridades extranjeras, vamos o citar dos juicios

muy encomiásticos No se trota de intelectuales his– panoamericanos, sobre las alobanzas de éstas ya

sabemos los guatemaltecos o qué atenernos el Pre– sidente Estrada Cabrera nos demostr6 que de los más altos poetas y de los más famosos escritores, se pueden obtener elogios y ditirambos o precios muy có– modos y con facilidades de pago Hasta espontáneos y gratuitos se logran cuando un escritor celebro en el gobernante de un país extranjelo, las ideas y los pro-

cedimientos que él preconiza para su propio país Lo que no es fácil obtener es el elogio desinteresado y nil1guno ton valioso como el que pi acede del adver~o.

rio en ideas políticas o religiosas De esta clase sor¡

los que pasamos u lefeJir E:I plimero, más que un

juicio fue una plofcda Mr John I Stephens vino a Guatemala por el mes de Septiembre de 1839 con el corácteo de Enviado f:xtraordil1ario y Ministra Plenipo_ tencinrio de los Estados Unidos ante el Gobierno de la Amériw Centr 01, escribió más tarde un libra titulado "Incidents of Travel in Central Amélica", 01 cual ha– bremos de referirnos muchas veces en el curso de esta

obl al pues contiene datos inlel esontísimos sobre los

primeros días del régimen de COI rero Su impresión sobre este caudillo se condenso en el páIJafo siguiente que tomomas del Capítulo XI

IIPero la CUtre/o cleI IIhéroe rebelde" no había

llegado a su término, el "hombre llamado Catrerd' era

ahOla el dueño absoluto de Guatemu/a y, si no me en–

garla, está destinado a converti, se en el mós conspicuo

licler que hasta ahora se haya elevado sobre fas Con–

vulsiones de la Amé, ica Españolo"

A los diez y ocho oños de esto profecía, el órgano

mns serio y el mós antiguo de la glan prenso norte– americana, "The "[ ¡mes", cuyos opiniones sobre asun~

tos exteriores goztlban del mayor crédito en los Esta~

dos Unidos, confirmo en pocos palabras la predicción de Stephens Su elogio adquie. e mucha significación, porque no iba di, igido o un gobernante vasallo de la Gran RepLlblica, sino todo lo contrario se trotaba de quien se había señalado siempre como hostil o la política de los Estados Unidos y favorable a lo de In– glaterra, por lo que sus adversarios le llamaban "in–

glesista", que en esa época era tanto como decir

antiy"nqui. Conviene también hacer notar que todos

los éxitos del Gobierno de GLlatel11ala se otribuían per– sonalmente o COI rera, lo cual es lógico y justo, porqué los intelectuales que gobernaban el país, entregados a

ellos mismos, se habrían combatido entre sí, furiosa–

mente y sin descanso, en competencias de predominio

y de vanidad, malgastando sus talentos sin provecho olguno poro Guatemala, sólo el talento político de Carrela pudo realizar el l11ilaglo de hacerlos colaborar

unidos, sin recurrir paro eso o medidos de violencia y

sin vejar a nadie, por el simple peso de su autoridad y

de su ejemplo, pues el hombre se consagró con ardi–

miento al servicio del país Donde más se admira ese talento político, es precisamente en no haberse enga–

ñado nunca sobre lo medido de sus facultades, si se

hubiese metido a gobernar pOI sí mismo, su gobierno

habría sido un frocaso, como el de tontos otros que c.eyeron que la Presidencia llevaba aparejado la sa– biduria En cambio, confíando el gobierna o la gente preparada, como lo hizo, y fundando una República aristocrática del tipo de lo de Chile, de lo Argentina, del Uruguay, etc (aristocrálica en el sentido de selec– ción de lo inteligencia y del saber, no de lo sangre), ios éxitos que se obtuvieran tarde o temprano tendrían

que refluir sobre su persona, como efectivamente su–

cedió, por lo menos a los ojos de los observadores ex– tranjeros Pero no divaguemos más y veamos cuál es

so

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