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« Previous Page Table of Contents Next Page »toS forzoSos; es el.re~o.rno á la vida,salvaje <;le
1 srnorado1"es prnTIlhvos, que haclan conSlS–
t'?r la felicidad en disminuir eshiC±amente el
lúrn ero de sus necesidades, y preferían á io–
do la independencia absoluta y embrutecida
en la miseria, con la caza, la pezca y el azar
por únicos recursos. En vano el agricultor
'ufenÍa atraer en su 8InpreSa esoS b:tBZOS de–
~ocupados: no encuentra sino un desprecio
desdeñoso, contra lo cual no puede nada; olque forzar al trabajo el proletario cuyo
~usto es vivir con sus pequeños recursos per–
sonales, aunque viva lTIal, es uno de los a±en–
tados mas graves que puedan cometerse con– tra la humanidad (1). y sin embargo, este atentado no deja de comeierse, aunque indi– rectamenie, todos los días del año. El empre– sario ávido de recoger las utilidades de su
capit~l, hace brillar á los ojos del habajador indigenie las perspeC±ivas de un crédiio rela–
tivamente á.raplio , y basando su operacion
sobre laexploiacion de la ignorancia y de las pequeñas pasiones de su clienie, acaba por atraerlo en su establecimienio y manienerlo
en SU dependencia, con el a.uxilio de la ley
de agricultura.
Sea lo que fuere, el deber mas estriC±o
de las autoridades locales es no permitir es–
tablecer la residencia en despoblado, sino á los que presenian garan!ias, morales y pecu–
njarias, que son incapaces de cometer una mala accian, cuya impunidad les estaría ase–
gurada por su aislamienio. Existen leyes so– bre la materia; pero no basta eso: es preciso hacerlas ejecutar.
El comercio !ambien aprovecharía la in– fluencia de ladas las mejoras que hemos in–
dicado mas arriba. Se verían introducir una multitud de objetos, n1.ercancÍa.s y géneros que son desconocidos, ó que solo se conocen
por su nombre¡ los objetos de consumo usual se mejorarían por sí 80]0, con este afan de
bienesiar que sigue siempre á la moraliza– cion de las masas. No hay persona ilustrada que no sepa que nO se introducen en la ma– yor parte de e
A sino artículos llamados en
Europa
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artículos de expor±acion", expresion que significa, artículos en que se ha dismi–
nuido en lo mas posible la calidad, conser– vándoles la apariencia de lo bueno, para lle– gar á venderlos á una baratura fabulosa al introductor, que los revende despues y muy
caro á los americanos: triste economía que
los franceses fraducen por esle refran: "lo ba–
rato sale SieITlpl e caro".
El exceso de las importaciones, ya sea en cuanto á la canfidad, ya sea en cUanto al valor de aquella, sería ampliamente com·
~ensado por la produccion; un pueblo mora–
lIzado trabaja lTIas, y, ademas, la supresion
de los monopolios añadiría á las exportacio–
n~s dos renglones de primer órden: el aguar– d18nie y el tabaco.
S
(1) Sin emba1go es cosa cOlliente en la República de El
alvadol.
Tales son los résuHados, grandes y pe. queños, que deben esperarse de la moraliza– cion del pueblo; son mejoras especialmenle
provechosas, y que, sin embargo, entran en
la clase de los progresos realizables sin dine–
ro, ó con poco dinero.
VIII
La junta de Rivas, partiendo del princi–
pio que Nicaragua es un país esenciahnente agrícola, ha opinado, por aumentar primero
la riqueza pública por medio de la agricul–
tura, é, por decir mejor, de la industria agro–
nómica, y ella dice; puesto que noS hacen mas falta los brazos que el capital, aconse– jarnos que se introduzcan "coolies". Esta pro– posicion es U'lUY importante, y merece que le demos una aiencion especial.
En los países que la geografía llama
frios ó templados, el mislno clima es una de
las facilidades que encuénfra el Inmigrante; y aún puede decirse que, como ellos saben que van á encontrar un clima análogo al de su país natal, por eso es que el emIgrante
alernan ó anglo-sajan se dirige gustosarnen–
te hacia los Estados Unidos, y el emigrante italiano hacia el río de la Plata. Pero sería un desafino el creer que Nicaragua puede
presentar condiciones idénticas; sus fierras
templadas y frías son, en esie momento, de
un acceso difícil, son casi completamente ina–
bordables para las máquinas y bultos que
pasan de cierto peso. Es menester, pues, co–
menzar por el desarrollo agronómico de la tierra caliente, para llegar poco á poco á te–
ner e:on qué hacer buenos carninas carre±e–
ros hasta los altos del interior. La zona ca· lienie es aquí felizmente muy sana.
En los países cálidos, la naturaleza mis_ ma ha colocado razas físicamente organiza–
das~ para resisfir á los ardores del sol, ella ha dotado á estos países con una fertilidad ex– cepcional, y con plantas de un rendimiento
extraordinario, para hacer contrapeso á la in–
dolencia, que el exceso del calor comunica á la organizacion humana bajo los trópicos, y para que el maS leve esfuerzo pueda dar al hombre su subsistencia cotidiana, bajo la con– dicion de que tenga hábitos n\Odestos.
En los países fríos ó templados, la Provi–
dencia, por el contrario, ha colocado á ra– za.s mas industriosas, y que podían, por su
empeño en el progreso de los conocin1ientos humanos, y el desarrollo industrial, compen– sar la pobreza relativa del suelo. No sola– menle esas poblaciones, gracias al espíritu de empresa que las anima, han descubierio y explorado las regiones situadas nlaS allá de
las que ocupan, sino que iambien han hecho
entrar los productos de aquellas e11 su consu– mo diario; y aun puede decirse de varios de
eptos productos, v. g., el café, el cacao, el azú..
car, que han adquirido una importancia ca" pital, y algunos ocupan en el consumo gene-
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