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« Previous Page Table of Contents Next Page »ral un lugar 1an inieresante, que la supresion de uno solo eJe ellos produciría des6rdenes incalculables en el equilibrio del Universo, la crisis alged?"era de 1864 hasta para p"ohar– lo.
Es indudable que si el habitante de un
paÍ!J cálido quiere conJentarse con no lTIorh'
d€\ hambre, el cultivo de las plantas alimen–
ticias es suficienle para su an1.bicion. Por si quiere aumentar S11. bienestar ÍÍsico y moral, c(')mo no ey.lsle la indusfria propian"\enie di–
cha en su patria, sino en un estado rudilnen–
lario, se: vé obligado á recibir los eleu"\enl:os
de sus comodi¡1ades pm' medio de la in1porla–
cien, y, por consecuencia á dar algo en cam–
bio, lo que implica la necesidad de dedicarse al cultivo de los productos exportables
EJ inmigrante, cuando viene, es arras–
trado únicamente en pos de esta misma idea:
TI1.ejorar Su condiciol1, aumentar sus cornodi– darles, y, por consecnencia, se verá obligado
á ded.icarse 6. la mísm.a ploduccion. Solarnen..
fe cuando la industria nacional propiamenfe
dicha empieza Él. nacer, pueden venir artesa– nos capaces de emplearse en las fáblicas, y
por lo '1ue es de dedicarse á los pequeños
cullivos que abaslecen al consumo interior, el
inmigrante se quedará nl.~lcho tienl,po sin po–
der cOlnpetir con el pequeño cultivador indí. gena.
Pero los cultivos de los productos expor– tables deben, para que sean provechosos, ha–
cerse en una escala bastante amplia, y, por consecuencia, e};:igen g:i:andes propiedades y
un personal mercenario en 1?roporcion Eso
es un hecho económi90 lnuy digno de a±en– cion, y que indica que, por mas republicanas
que sean las inslituciones de una nacion in–
teriropica.l, siempre habrá en ella, por un la– do una aristocracia territorial, y por el otro, una cjase de la sociedad, en parte sojuzgada,
or~ legaln1ente, ora ocultamente, 6, por lo ménos, obligada á salir de su indolencia na– tural por una presion cualquiera Eso erá una de las causas de antagonismo en la guerra' de la secesion entre el )\folÍe y el Sur de los Es– tados Unidos, la lucha no ha podido sofocar– la, en verdad, el coolie ha leetnplazado al
negro esclavo; pel·0 la diferencia queda sienl.–
p)'e imnensa en [re la gran agricultura del Sur
y la gran industria del Norte; se siente, se comprueba todos los días mas y mas (1) que
una misnl.a Cons±i±ucion no puede aplÚ::Flrse
Él dos pueblos ian diferentes, sino á costa de
iníenninables complíeacionen adn1illis±ral:i– vas. Es muy extraño, pues, que, en presenda
de una demostracion lan concluyente se ha–
ya podido iznaginar á veces la posihilidad
de anexm' Nicm"agua á los Estados Unidos. Es una falta de l6f)ica, y solo Walker habia con1– prendido de qué lnodo ela posible la ane-. xion: había resiablecido la esclavitud. 1'01'
(1) V. &1", en la cuestion de los Kuldux. En este 1l1.0men.
to (dicicmblC~ de 1872) se ha hecho ncccsalio mandal hopas
de lefuel'zo en el bajo Mísísípi.
supuesto, era una medida inhumana y COn~
denable; pero, por lo rnenoo, era lÓ9icarne1.11e
explicable en aquella éipoca de "esclavaiis_
mo", lanío mas que Nicaragua es del todo in~
ter±ropical, nüenüas que el Sur de los Estados
Unidos no ]0 es, y tiene un clirna que permite
al jornalero blanco trabajar en 103 cmnpos.
Me apresurQ á decir que no soy esclavis_
fa; pero, cualquier cosa que se haga en ieo_ lía, me parece que puede sostenerse que, en el terreno de los hechos, en la práctica, el ca~
fé, el cacao, el añol, el azúcar, ele... , no po~
drán nunca dejar de oler ú esclavo, á cooÍie,
á peón endeudado, á mozo empeñado, ú airas instituciones de esta clase, las cuales, bajo todos los punios de vista, eCOnÓ1n2COS y socia– les, SOn una rrUsma cosa.
Bien se conoce esto en los Estados Uni–
dos: no es oha la razon por qué hay en aquel
país una mayoría predOll1.inan±8, que rehusa
la anexion de Santo Don1ingo, San Thomas
y Méji.co, y, si es verdad que se desea la pose– sion de Cuba, es mas bien corno posicíon nli~
litar estratégica, y la nave del golfo de Méji–
co. Pe] o aun en el caso que hubiesen acep_ tado esta.s anexiones, por faHa de prevision en sus hOJl.1hres de Estado, no se oebe dudar que algunos añ.os de expedenr-ia les hubiesen enseñado pron±au1enie, que lO~1 Estados Uni– dos, eonsiHui.dos fa] es corno lo están, no pue–
9.en poseer un país in tel±ropical, sino á iHulo
de colonia, someiida á l"eglanlCnios especia–
les. El día en que comeiieran esa falta, de~
berían, Ó cambiar Sll Consti tucion, Ó esperar denfro de pocos alias su separacion en dos ó
lres grandes fracciones.
La objecion de la existencia de los Esia· dos de Centro América, baio Constituciones
republicanas, es un argurrLenlo especioso
Basta haberlos visitado para reconocer que, en realidad, son Repúblicas aristocráticas, al estilo de la antigua Venecia 6 de las de la Grecia. Los grandes propietarios que hay en ellas, y que son á la vez los grandes comer–
ciantes y' los grandes capi.íalisfas, ejercen so– bre los negocios públicos Una influencia d2~
cisiva, en la que el pueblo propiamente dicho
no loma, sino una pUl+e nl.uy secundalja.
Eslas consideraciones, en experiencia ex–
lrañas al asunto que nos ocupa, pero no al
fítulo: "misceláneas" ele este capítulo, las he–
11.1.0S preseniado para aniquilar el temor in~
fundido por el absurdo fantasma de la doc·
±dna de Monroe, por medio de la cual, cier–
ras arnericanistas á lodo france, pero irrazo–
nables, se divierten en atenorizar á Méijico y
Centro Alnérica, y cuyos dispmaJes no han dejado de ejercer tina illf!uenc1a Iatal sobre la cuesiion canal, de la qtle depende el por·
venh de NicararJua.
Hubo un momento en que el Sur de la
Unian ame,·icana p¡~etendía absol ver Ó con–
quista, á toda la América española. Con este
sistema, se quelía aUlnen tar el núl1l.ero de los
Estados caracterizados por la institucion de la esclavitud, para hacer contrapeso á las ad,
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