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« Previous Page Table of Contents Next Page »que no sea sierrtpre el que adoptaron los pri– rneros conquisladores. El Estado puede ha–
cer algo en favor de la educación de las ni– flas, Jan atrazada en esre país; pero, ¿puede él obligar á los padres de famillaá que HlRn
den dar tÍ. sus hijos, cuando les hacen edu– cal en ElU opa, la í nslruccion cienfífica que
tanta faHa hace en Nicaragua, en lugar de la
educacíon puramente eonlercial, que sus pa– dres recomiendan cuidadosamente darles,
con exclusion de toda olla? ¿Será el Esiado el
que podrá organizar los clubs, crear las socie– dades de diversion ó de fomento, transfor– mar las pJazas en alaITleclas, transportar los
cuarieles fuma de las ciudades, poblar aque–
llas de monumentos adecuados á su cles±il1u–
r:ion, fundar .teatros, delinear paseos, organi– zar la navegacion de puro recreo:;' ¿Puede (;11 reformar la higiene privada., hacer que se re– nuncie á las prácticas rnedicales absurdas, supersliciosas ó peligrosas, cultivar horiali– zas y frutas, introducir razas de EllliTnales PU<
J as Ó lluevas, dar á los par±.iculares la a{i~
cion á las buenas lecturas, abonarles á los pe
w
rlódicos extranjeros, fundar periódicos i.ndí– genas, mandar á iraer libros de Europa y eS~
iablecer gabinetes de leciura? ¿Será el Esta–
do quien pueda enseñar á las cocine~(as á ha
w
cer la cocina, á las lavanderas lavar la ropa,
á los carlliceros Él parlir la carne? ¿Puede él
refórrrtar la fabricacion de la candela ó la del jabon? ¿hacer que se querue carbon en lugar de leña? e1c... , etc ...
Lo repito, san rnuchas las cosas que el pueblo puede y debe hacer por sí solo, y gran numero de ellas no puede obtenerse sino por
el espírilu de invencion, el de iniciativa, el de ilinovacióil, secundado por el espíritu de aso– ciaci6il, el de elnpresa y (~l palriolismo ¿En
qué estado Se encontrarla la indu~iria euro–
p-éa, si los á.ccion~s±as de las roinas de carbon, eh
lugar de formarse en compañías, se hubie– sen puesto cada uno á trabajar en algun fa– ladro? Cada uno, no sin rrtucho trabajo, hu– biérEdogrado ganar apenas una vida rrtisera–
blé, en lugar que, por la asocÍac::ion de sus
capitales, cada uno errtplea en otra indusiria las renlas que le paga el adrrtinistrador de la rrtina. La caña de azúcar es un brillante
negocio, pero solamente explo.±ándola en
grande escala y con maquillaria competente.
Si lodos los pequeños cosecheros de Nicara–
gua hubiesen querido fOrlnar una sociedad por acciones, cada uno ganaría mas, y no
iendría cuidado alguno: 200 acciones de á 500 pesos forrrtan un capital de 100,000 pe– sos, que, uhlrrtenle enlpleado en la exploia–
cíon racional de uno cualquiera de los valio–
sos productos del país, puede dar beneficios
enormes, con un personal administraiivo
inuy reducido, y sin que ninguno de los ac–
ci.onistas tenga que ocuparse del negocio,
rrtas que para errtbolsar las utilidades de su capilal. El rrtisrrto raciocinio es aplicable á
las minas de oro Ú otros metales, que son to–
das explofables con provecho, si se fienen las
rrtáquinas adecuadas, y 25 Ó 30,000 $ de ca.. pilal
Pero, para el desarrollo del espíritu de
asociaciolJ, para eJ fomento del espíriiu de
enipresa, es rnenes±er, antes de iodo, desha~
cerSe del egoísrrto, del personalismo, y re.
nunciar para siempre á esfe espíriiu celoso eslrecho y mezquino, que hace que Se 'Ve~
con pena la elevacion de un hombre que Se
ha conocido pobre, y que se opone á las in.
novaci.ones útiles, cuando se cree que van á
enriquecer á su autor.
Nada reniste al progreso ±anio como el espírilu de ruiína, la inercia, la manía de re–
mitir al dla siguiente, la de diferir ó aplazar
las mejoras; nada rnus funeslo para una na~
clan COrrtO el hOl ror por el carrtbio, por la roo– c!iiicacion He hablado ya de las casas, ian
uni[onnes, .tan incómodas, con sus techos sin cielo raso, sus separaciones jndiscreias Men_ cionaré ofro ejemplo ¿no es cosa asombrosa
ver iodavia en uso la tortilla de n18iz hecha
á la mano'? Concedo que el rnaiz, aunque sea
un cereal poco rico en gluien, debe ser la ba–
se de la ali-rnen±acion pública en la América
inlerhopical, y concedo tarrtbien (aunque no sea lui opinion I q ne la toriilla es el mejor rrtodo de consurrtirlo. Pero ¿para qué conser– var el procedünienlo de Inolerlo á ]a mano COrrtO en el Hempo de MociezUlna? ¿Se cree–
rá por casualidad que si las nlujeres de las
grandes ciudades ele Europa fuesen obligadas á hacer cada una el pan de su farrtilia, Su
existencia sería posible'? No; hay panaderos ,. . ,,,
rabncanies de pan ¿por que pues no iener fábricas de iortillas, donde se corrtprarian las
del consun1.O diario? las hay en Méjico, y ya,
en Nicaragua, ciertas pulperías venden tor– lillas hechas.
Una mujer en su casa, por poco que ±en~
ga hijos, errtplea todo el día en rrtoler la ior– tilla; así es que es una preparacion relativa– nlente rrtuy cara. Obligada á interrurnpirla
á cada instante, para ocuparse, ora del fue ..
go, ora de las criaiuras, la ioriilla no presen·
ia la manOI garantía de aseo; ±anio mas, que
la piedra de moler sirve para luachacar una
infinidad de cosas, carne, frutas, e±c... No
queda á la infeliz ni el lierrtpo de coser ó re– mendar, ni el de bmrer, ni de dedicarse á
ningun cuidado inierior. De allí una higie– ne deplorable y hábilos de desórden. ¿Qué
sería si fuese obligada á ±ej er su man±a'? por–
que en fin: ó la farrtilia gana bastante para
cOlnprar la lnania, y enionces, con un poco
lnas lrabajo, corrtpraria fácllrrtente pan ó ior–
tilla de la fábrica, ó si no ganase bastante para UllO Ú otro, la familia enfonces anda
rnedio desnuda y queda expuesta á las enfer–
rneclades.
Es cierto que, en un rancho aislado, el
maiz no puede molerse de oiro nlodo; pero
tambien el aislarrtiento en pequeños ranchos es una de las calamidades de la poblacion de
Nicaragua; es la consecuencia mas larnen±a~
ble de las revoluciones y de los recluiamien,
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