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(1) Sulazar, "LOil Hombres de la Independencla", páll 192

traslación de la ciudad que acabaron con la Antigua y diseminaron su población, habían hecho el milagro Parece que a aquello que sucedía en la Antigua se hubiera referido este articulista del Editor Constitu– cional cuando dice "en donde falta tierra para la gen– te que sobra, faltan medios de subsistir Muchos buscan entonces los claustros como un asilo contra la

necesidad Los conventos crecen y a proporción sus consumos. Los conventos tienen que buscar el pan

gravitando, sobre el público y aún así no alcanzan todo lo necesario He aquí' como el exceso de reli– giones las hace gravosas y relajadas Entonces su reforma es un remedio tan necesario al Estado como al

Instituto Monástico".

Partiendo de tales bases afirma que en Guatemala se ha cumplida esa reforma, que el cielO regular no tiene grandes riquezas y que el secular vive de la cari– dad Los miembros de ambos son tan vil tuosos, dice,

que Guatemala quiere

Q ambos clases, l/como a las

niñas de sus ojos" y concluye pidiendo que la autoridad conserve y proteja al estado religioso de Guatemala "Que un estado que no grava al estado general, ni al pueblo en que vive, que lejos de eso derrama los un– güentos aromóticos del Esposo, que Con él nos llena de suavidad y unge nuestras llagas, los COi azones le can– tan himnos de gratitud, de respeto, de alabanza" Tal el tono de nuestro periodismo revolucionario al hablar de las órdenes religiosas en vísperas de la Independencia Así consagra la existencia de un es– tado particular, el de la religión del estado general, como se diría hoy

En las Instrucciones (redactadas por el Padre Peynado, Regidor perpetuo del Ayuntamiento), a los Diputados a las Cortes de Códiz, a pesar de contenerse allí, como en otro lugar he dicho, todo el gérmen de los derechos y libertades individuales, se habían consig– nado en materia de religión estos principios

"Que la de Jesucristo Crucificado, católica, apos– tólica romana, se conserve inviolablemente en toda la Monarquía como la única verdadera" Pedía se le sugiriese a la Santa Sede declarara el misterio de la Concepción sin pecada y que la nación se acogiese bajo el patrocinio de la Virgen, sin perjuicio de que Guate– mala siguiese reconociendo al Apóstol Santiago y a Santa Teresa como patronos especiales" (l )

El Acta de Independencia de 15 de Septiembre no fue mós amplia de criterio

"10 Que la religión católica que hemos profe– sado en los siglos anteriores y profesaremos en los

siglos sucesivos, se conserve pura e inalterable, mante–

niendo vivo el espíritu de religiosidad que siemple ha distinguido a Guatemala, respetando a los Ministros eclesiósticos, seculares y regulares y protegiéndolos en sus personas y propiedades"

Pero no se les puede exigir mucho a los próceres Aún en colonias donde hubo lucha armada por la in– dependencia, el principio religioso se mantuvo incólu– me Explica Ingenieros en su "Evolución de las Ideas

Argentinas ll que nada en esta materia quisieron inno–

var los revolucionarios ya fuera para no herir ios senti– mientos de la multitud Con quien había que congra-

En otro artículo acerca del clero secular y regular de Guatemala, lo mós a que se llega es a asentar móximas como ésta "No cabe duda de que una mu– chedumbre de religiones y conventos, desproporciona– da a las fuerzas de los pueblos, debe ser un mal político, económico y moral a la República y aún a los mismos claustrales" Y mós adelante, citando a Inocencia 111, "Las riquezas religiosas fueron un semillero de que– jas del mismo estado eclesióstico", pero todo ello y aún el pórrafo de Voltaire que le sirve de epígrafe al ar– tículo no es síno para probar que en Guatemala no hay

superabundancia¡ sino escasez de religiosos y conven·

tos Por lo visto ya habían pasado aquellos tiempos de que he hablado extensamente en mi segundo libra (Esfuerzos por crear un ambiente propicio) 01 referirme al alegato del Rector del Colegio Tridentino, del cual se deduce que todas las fuerzas vivas de la sociedad habían sido absorbidas por el convento Cincuenta

establecimientos religiosos mós o menos, entre iglesias,

capillas, monasterios! etc, etc

I puntualizan los cronis·

tos al descubrir la antigua ciudad capital del reyno destruída en 1773 Para tan corta extensión de tíe– ora y para una población de sesenta u ochenta mil habitantes la cifra es exhorbitante El terremoto y lo

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expondrían a profanar con sus atrevimientos esas ci– mas temidas Pero bajo éstas hay de vez en cuando rumor de tormenta que acusa el forjamiento de los pel– daños ascendentes de una evolución, en el modo de

sentir y pensar religiosos

En el Editor Constitucional y baja el epígrofe de las citados artículos de instrucción pública hay una

serie de conceptos filosóficos elevados y serenos, que

dijéronse orientadas hacia las doctrinas can que pocos años mós tarde iba a asombror al mundo Augusto Comte Pero el nombre de Dios y las principios del dogma continúan impasibles, y si alguna frase hoy equivoca ya se encargarón muchos de llamar sobre ella

la atención y rectificarlo Un "eclesiástico beneméri·

to"¡ dicen por allí los redactores, les dirigió uno corta

que ellos se apresuraron a publicar con esto explica–

ción "al mismo tiempo que le damos gracias por su

celo, protestamos no ser jamás de la opinión de ningún

autor que se aparte en algo del sentido mós riguroso del cristianismo católico" La corta decía que estaba equivocado un pórrafo de ciertos artículos que donde

se expresaba "10 moderación en los bienes, aquella

probidad inseparable de su principio que no permite ni

el más ni el menos en su práctico, que existiría en el

filósofo, aún cuando fuese ignorada del mismo Dios

que lo OIdena lJ

,

debía decir l/aún cuando fuese igno–

roda del mismo que Dios la ordena" Con este pro– nombre relativo intercalado entre las palabras mismo y Dios, el buen padre creía enmendado el hierro Y co– mo si no fuera bastante para su celo cristiano haber puesto en forma mós inintelegible aún lo que el autor

se propuso escribir, añade, curando en salud sus escrú·

pulas

l/Y aún así¡ todavía me temo que esta lección de

Abad Pernitti huela a pelajialismo, pues queriendo elo– giar tanto a la filosofía se olvida de la revelación que ha ilustrado al hombre y rectificado su corazón mós que todos los naturalistas",

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