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Llegaban los infelices habilitados, por el tiempo de la feria, con los añiles que habían podido cosechar, para pagar la habilitación del año anterior a los mo– nopolistas que siempre eran sus acreedores Si falta– ban algunas libras para completar el pago, por más razones que diesen se les llenaba de injurias, se les amenazaba con no habilitarlos y con desacreditarlos para que no encontrasen protectores Si tlaian libras de más se les recogían para pagarlas en géneros Entonces los pobres pedian los efectos que necesitaban, y por los cuales no sabían el precio que se les cargaría Aquellos tigres formaban una cuenta escrita con san– gre, y sin dignarse siquiera enseñar a sus víctimas el cuchillo, les daban la cruel puñalada que les costaba

un año cicatrizar, al mismo tiempo que recibían otra

nueva Tenían que vender sus géneros por la cuarta

porte del precio a que se les cargaba (el cual nunca sabían) para subvenir a las necesidades de su casa, y a los trabajos del campo, y cuando por sus enferme– dades o las de su familia se hallaban en la imposibilidad de trabajar, quedaban arruinados para siempre He aquí el verdadera cuadro de los liempos pasados que ofrece a vuestra contemplación un niño de ayer con los coscas a la gineta.

Pero yo no habría hecho nada si dejase pasar al Verdadero Patriota la causa a que atribuye la poca cosecha de añil al presente, comparada con la anterior El comercio libre con la América lejos de minorar el consumo de esta primera materia en Europa

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debería aumentarlo ¿Cuál es pues la causa de esta decaden– cia? El comercio monopolista de Cádiz, pues pa– sando este precioso fruto por tres o cuatro manos! Y dejándolas todas ricas, tenía el extranjero que com– prarlo a un precio muy excesivo en aquel mercado Esto obligó a los ingleses a fomentar por todos los me– dios posibles su cosecha en la India, cosa en que no hubieran pensado, ni hubieran podido practicar si los puertos de las Américas se les hubieran abierto para vender sus géneros y sacar los añiles a un precio equi– tativo

Entonces la riqueza se repOl tirib en toda la socie– dad, y sería verdadera, pues unos pocos cargados de dinero, y el resto de miserables, no sirve más que para hacer conocer a éstos, su insuficiencia respecto de aquéllos Me parece que he demostrado suficiente– mente a los que no tengan los cascos muy duros, que la consecuencia que saca Ud con respecto a la deca– dencia de este reyno

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es semejante a la de nuestro susodicho dueño de la casita

Es muy extraña y maliciosa la cita que me hace Ud de Jovellanos, copiándome un pedazo de párrafo que entero dice l/Es pues necesario, si aspiramos a él

l (habla del comercio exterior) mejorar nuestros puertos marítimos y multiplicarlos, y facilitando la exportación de nuestros preciosos frutos, dar el último impulso a la agricultura nacional. Cuando la circulación intelior

l produciendo la abundancia general haya aumentado y abaratado las subsistencias, y por consiguiente la pobla– ción y la industria, y multiplicando los productos de la tierra y el trabajo, y alimentado y avivado el comercio interior, entonces la misma superabundancia de frutos y manufacturas, que forzosamente resultará, nos lla– mará a hacer un comercio exterior, y crecerá por este

auxilio, sin el cual no puede ser conseguido.

Es de advertir que Jovellanos no pretende (como lo podrá ver el curioso en su Ley Agraria) cerrar los puertos en ningún tiempo a los extranjeros

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y si dice que la superabundancia de frutos en lo interior produ– cirá el comercio exterior

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es llevado de la móxima que ninguna nación da sino los sobrantes ¿Y cómo podrá haber sobrantes si a los cultivadores no se les presenta el incentivo de la extracción? Que responda el Ver– dadero Patriota Pero yo se que dirá "están trocados los frenos y todo lo debemos entender al revés". (1)

EL MONOPOLIO DEL COMERCIO DE CADIZ, y EL DE LOS PRINCIPALES PRODUCTOS INTERIORES, EL GANADO

Y EL AIiIIL

La discusión entre el Admirador y el Verdadero Patriota, contradiciendo el primero al segundo, fue re– ñida El Admirador finge el siguiente diálogo con su contrincante

"El Admirador -¿En qué quedamos, señor mío, es o no útil el comercio lible para Guatemala? El Pa–

triota -Es nocivo por dos razones la primera es que la introducción de tejidos de algodón arruina nuestras fábricas, la segunda que los ingleses nos llevan el dinero El Admirador -Muy bien, Señor Patriota, pe– ro hace tiempos que nuestras fábricas se hallan en de– cadencia, y hasta ahora no hemos tenido comercio libre Ei Patriota -Cómo, y el que está haciendo con

Walis?-EI Admirador Libre se llama el que se hace como en la Habana con todas las naciones El Patrio–

ta -Pues ahí verá Ud esos lebretes y alcolchados que nos traen de alli caro nos cuestan. El Admirador.–

Tiempo ha señor Patriota que nos los traen de contra– bando, y éste no se ha podido evitar; luego es el maldi– to contrabando el que nos ha arruinado, y no el comercio libre, que hasta ahora no tenemos, ¿qué ha–

remos

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pues para evitarlo? Porque mire Ud , los con~

trabandistas no tienen nada, cargan con el dinero que no hace bulto, compran su ancheta y se exponen con ella a los mayores riesgos por interés de la ganancia exclusiva que les proporciona la prohibicián. ¡Qué malditos! Ya yo los he oído Nada se les da de per– der un lance, porque en otro se desquitan y ganan Las leyes penales son espuelas para ellos, porque cal– culan el lucro por el riesgo Así es que hace tiempo que no nos vestimos de otra cosa en el reyno sino de géneros prohibidos, y lo peOl es que este mal de contra– bandear es contagioso, y se les suele pegar aún a los

(1) Por nueaba palte s610 cabe comentar que una de las desgracias de Dentlo AméJica cuando nació a la vida independicnte, fue la de no ha. ber puseído pum tos comunes para su comercio de importacin y exportación, como lo!! tenía México (Acapulco, en el Pacífico y VeracTllz, en el Atlánti– co) POl la falta de esos puertos cada provincia buscó en sus p\,opios puer~

los sus salidas al mal Y son estas salidas las que tanto influyen en darlea su 1¡sonomía pal ticular a las naciones.

De tal suel te que cada provincia !hizo su vida comercial independiente !le lag otras Nicaragua salía al Atlántico por la Laguna de Granada y el Río San Juan y al Pacífico POI el Realejo: Honduras salía al Atlántico por el Puerto de Omon y hacía poco uso de Amapala en el Pacífic.o: El Salvador pO! sus PUeltos del Pacifico, ya que no tiene costas en el Atlántico: y Gua~

teJUala POI Omoa Y principalmente por el Puerto de Izabal del lado del Atliintico y por San Jos6 del lado del Pacífico Un gran puerto, que pudo

~er común para Honn.uras, El Sa.lvadO! y Nicaragua, fue el actual Matías ¡le Gálve7., descublicrto en tiemllo del Capitán General Alonao Criado de

Ca~tilla, pelO este puerto fUe abandonado ,¿ quién lo dijera?) por la falta de pastos para las mulas que se necesitaban para llevar y traer los productos enhe dicho puerto y la capitai de Guatemala

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