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que estudiar ni que pensar mucho para descubrirlo, decían, aludiendo al secreto para asegurar la subsisten–

cia del mayor número de habitantes, cortar ese comer–

cio libre, sólo provechosa para el inglés y ruinosa para nosotros, prohibir la introducción de géneros extranje– ras principalmente algodón, por todas nuestros puertos

y caminos, trator de extinguir su uso en este reyno,

quemar cuanto decomiso se haga y con ellos, si es po–

sible, a sus conductores, pues de este modo nos veremos

en la necesidad de vestirnos de nuestros tejidas nacio–

nales, la agricultura f101 ecerá, el comercio interior se

activará, aumentarán los artesanos, trabajarán con

ahinco y provecho en afinar nuestras telas los tejedores y en descubrir procedimientos para imitar en lo posible las telas extranjeros, que tonto nos llevan la atención

y el dinero lf

,

etc Conviene transcribir las ideas de es– 'le articulista sobre un asunto de tamaña importancia,

por las cifras en que basa su argumentación

l/Dije en mi anterior papel que en nuestro suelo no concurren las mismas circunstancias que en el de la

Habana, para que nos resulten iguales ventajas, e indi– qué de paso los motivos También manifesté que en

Walis no admiten nuestro añil ni otros frutos en cam–

bio de sus efectos, pero quiero suponer por un momen~

to que los obstóculos de nuestros cominos se venzan,

que los fletes de azúcar y otros víveres se minoren has– ta poderlos cambiar al extranjero con regu\,ar utilidad,

quiero también que los ingleses admitan nuestras tintas, carnes etc ¿qué haremos para consumir entre nosotros

mismos tantos efectos? Si la Habana se ha enriqueci–

do, según se opina, pOI medio del comercio libre, es

porque de las mercaderías que recibe de los extranje– ros, en cambio de sus frutos, sale de la mayor parte de ellos con los traficantes de las dos Américas que con–

curren allí a menudo con sus pesos fuertes Pero o nosotros, ¿de qué parte nos vendrán a extraer una pie– za de zaraza?"

"Si por la mar del norte cambiáramos, v g, un

millón de pesos de frutos por efectos extranjeros, y por la del sur nos compraran de estos mismos a plata qui–

nientos mil, entonces sí convendría yo, y convendrían Olln los más ignorantes, en que ero ventajoso el comer–

cio libre para nosotros, porque la balanza mercantil se inclinaba a nuestro favor un 50 por ciento, pero de lo contrario está en nuestra contra y en favor del inglés en 100 por ciento De aquella sue. te, todos nos ha–

rPamos comerciantes y agricultores¡ pero si ésto jamás

se ha de conseguir, ¿de qué modo y por qué camino podrá hacer nuestra felicidad este género de comer-

. ;J" cia.

"Vaya hacer uno demostración, como dicen, al tanteo, pero ton diminuto o favor de mi OIgumento,

que nadie me la pueda tachar Se gradúan en este reyno un millón de habitantes, quiero que de estos sean 600 mil indios y 400 mil de las otras clases, extraigo de aquí 200 mil, suponiendo falsamente que ni éstos ni los indios consumen una hilacha de algodones ingle– ses y sólo dejo 200 mil afectos a ellos Lo menas que gasta cualquier hombre o mujer pobre al año en india–

nos, pañuelos, gasa, etc ¡ son cinco pesos, -hay otros que se compron para su uso cincuenta, ciento y aun más de estos mismos generos, pero quiero graduarlos

a todos en la clase de los pobres y de este modo resulta

que los 200 mil consumen un millón de pesos, y siendo constante que para estos malditos efectos no sale más

que plata¡ es visto que anualmente nos extrae el extran–

jero esta cantidad por lo muy bajo, en efectivo En nuestra casa de moneda se acuñan de 200 a 300 mil pesos anuales y supongo que del Pe, ú y México nos vengan sin falta 200 mil, ¿no es evidente que según lo

escasez de numerario que se advierte, y el exceso de la

salida respecto de la entroda, a vuelta de muy poco años no circulará un peso en todo el Reyno y que nues–

tras miserias llegarán a su último extremo?"

LA MONEDA NO ES LA RIQUEZA

POI lo vsito, acontecía entre nosotros lo que en

todas las colonias un g. upo, el que había gozado y seguia gozando del monopolio del comercio de Cádiz, defendia palmo a paimo el terreno en contraposición del grupo más numeroso de los que querían destruir el

monopolio

Estos impugnaban en la siguiente forma

"Señor Editor de Lega a lego nadie va en zaga

Digo ésto, porque no se crea que quiero combatÍ! con

armas desiguales contra el señor declamador de los males domésticos de nuestlO cosa (Dios quiera que no sean de la suya) y aunque tal vez pod. la moverme el

interés particular a seguir su partido, cuando se trata

del bien público, no tengo el menor rubor de presen– tarle mi parecer, tal cual sea, seguro de que si no lo juzgo prudente, no lo creerá a lo menos parcial o inte– resado

"Ya es tiempo, dice el Verdadero Patriota, según

el presente sistema, de que los intel eses particulares cedon o los públicos el egoísmo no reinará tanto como

hasta aqui Muy bien dicho, señor Patriota por esta sola cláusula merece usted el nombre que se da ¿Pe–

10 convienen estos sentimientos liberales con las ideas

que estampa adelante? ¿No se confundi,á el bien pública con el particular? Vamos a verlo

"Ud supone que el come, cio libre es perjudicial

o este reyno, porque se le extrae la más preciosa mer–

cadería del mundo, dóndole en cambio efectos que en realidad para nada necesita, que obstruye las fábricas interiores del reyno, que limita la cosecha de algodón, y que una porción de gentes pobres que subsistían de hilar, se ven privados de este corto pero seguro socorro Ultimamente sienta que las artes es uno de los prin– cipales ramos que debe proteger un buen gobierno, según las máximas de los verdaderos politicos, que no cita, pretendiendo se le crea sobre su palabra"

"Sería ardua, difícil y aun arriesgada empresa, entrar en el pormenor de la economía político, poro hacer ver

clara y distintamente a mis lectores lo infundado de

estos razonamientos, qLle a primera vista deslumbran a los que, acostumbrados al antiguo sistema, o cerran–

do los oídos a todo lo que no sea monopolio y exclu– sión, les parece no poder hallOl sino en él la soñada felicidad que ha tanto tiempo huye de nosotros, por haberla buscado en caminos opuestos a la razón y la

justicia Mas, si mis fuerzas no alcanzan ni aun a principiar tamaña empresa, me contentaré con extrac–

tar aquí la doctrina de los sabios economistas tanto

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