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n sarcasmo; y desde enf,?l1ces se me dio lugar

u considerar como amIgos a los que femen-

a no 'd' 1 bl" taben la dlscor la en es os pue os.

El Presidente Barrios nO disimula, como se

ha visto, su actitud hostil o adversa a la libertad de la pI ensa, que no SB levanta como val1ad~r

inexpugnable ante su voluntad, pues ~9tá dlS~

uasla a aplastarla con mano, severa, 81 11egal8

P inquietar a los pueblos veCInos, y llama sar·

~o como lo era en aledo, la excusa del Go– bierno' de Guatemala de que no se podía allá

atender contra la ~berlad ?e p~ensa. que no exis–

fía en realidad nI para dlscuÍlr serenamente los

asuntos de la política, en senfid;o contrE;lrio al paw

racar del Gobiern~. Para Barnos, ~a hberlad de

rensa era una SImple arma políhca, corno era Para Carrera el fomento de la revolución en El Salvador, y así, auande:> se conv~nció de .'Jue. Gua~

lemala no era un GobIerno amlgo, le dIO nenda suelia a la libertad de pren~8; conira aquel go~

biemo, como ,lo reconoce oficIalmente U!l docu– mento de la epoca, en que leentos, no SIn algu– na sorpresa, por lo ins61üo del reconocimiento:

"Uno de los ~eriódicos que habían aiacado a la Administracion de El Salva.dor, ya sea por descuido, o por otra Ci;lusa que 19noramos, puso en sus colunmas dos líneas en favor del pueblo salvadoreño Y de su Gobierno. En el aeta el Gobierno del General Carrera acordó suspender la publicación de dicho periódico, "por cuanto se había separado del objeto propuesto cuando se fundó" Semejante acto no pudo menos de excifar nuesira indignación¡ y CREIMOS LLEGA–

DO EL CASO DE ALGUNA MAYOR UBERTAD A

LA PRENSA A ésto no sólo contestó Guatemala con publicaciones no menos destempladas, sino que rompiendo los tratados vigentes y alannan– do a ambos países, envía a los pocos deside~'l.ies

de esta república, residentes en aquella caplial, para que desde .la fr~~tera exciteJ;l ~ est~s pu;e– blos a la rebelion .. Véase DlcClonano His– tórico Enciclopéd,ico de la República de El Salva– dor por Miguel Angel García, Tomo Cuario, Pág

306: segunda columna. También la Biografía de Barrios por Gámez

¡Qué curiosa es nuestra vida política de na_ cionesl Sólo en Centro AInérica se usa como ins– trumento polífico, indistiniamenie, con igual va– 101 de eficacia, la libertad de prensa y la rebe– lión, equiparadas, como si fueran perros de caza, para lanzarlos al eneJnigo y dominarlo con ellos Lo vemos consignado, y nos hacemos cruces.

La cuestión, pues, de prensa ejerci6 prepon– derante influencia on esta desgraciada guerra centroamericana A ninguno se le ocurrió salir a la defensa del principio de la libertad de im– prenta, como m6vil justificativo de la guerra, ec– iUud que por lo menos habría tenido algo de hennoso. Pero no¡ ambos beligerantes estaban dispuestos a sacrificarla a sus fines políiicos y

personales, y no la consideraban simple insiru– mento de guerra más o menos conveniente, se– gún las circunstancias Buena, por parle de Gua– temala, si de ese modo se conseguía despresti– giar a Barrios o se cohonesiaba, con pretextos plausibles, la intención bélica del Gobernante chapín. Mala, si se dirigía cOlUra esos fines, en la vecina república, usada de revancha, hasia convertirla en casus belli, hallado el pretexto re– querido para lanzalse contra el gobierno enemi–

g~, acallado todo escrúpulo de conciencia. Los rmsmos sentimientos influían en la politica sal– vadoreña sobre la prensa: mala, si se emplea para concüar la animosidad del vecino, de Gua– temala contra El Salva·dor, buena, si la emplea

El Salvador para responder a Guaiemala, pa– gándole con la misma rnoneda. Llega un?, h~s­

ta pensar. que si Gua±~mala no n:ata ~ penodlco que elog16 por desculdo a BaIT1os~ este no hu– biera creido nunca llegado el caso de conceder mayor libertad a la prensa Qué tristeza da sin embargo pensarlo1

Pero no equivoquel1:\os, a esias aliuras de la historia, las palabras. Lo que Barrios creyó lle– gado el caso de conceder, no fue precisamente mayor libertad de imprenta, porque la prensa que afacDoba enf.onces a Guafemala y a Carrera, en el ambiente caldeado de El Salvador, no obra_ ba ni con mucho librernente, sino a instancias y

por mandato del Gobernante, indignado, que im– ponía el ataque por norma, a la prensa que es– iaba a su servicio. No existia entonces prensa libre en El Salvador, aUllque se lanzara sin freno en sus ataques contra la adrninistración de Ca– rrera, era una prensa servil, ni podía existir pren– sa libre en aquel ambiente viciado por los falsos conceptos de gobierno que a la sazón dominaban en Centro América a excepci6h acaso de Nica– ragua, en que empezaba ya a despuntar la li–

bertad verdadera que iluminó, como un sol, nues– iros horizontes políticos por más de cinco lus– tros

La libertad de prensa, moralmente conside– lada, fiene un elevado sentido cultural No pue– de ni debe existir una libertad de p;-ensa abso~

luta, porque sí, en su uso, se pasan los límiles de la justicia o de las legítimas conveniencias sociales o políticas, bien entendidas, o en otras palabras, se impide el bien común de que cuida la autoridad, se cae el} el abuso de la libertad, que n9 puede ser un derecho jamás Ese fue el pecado inicial del liberalismo doctrinario, que proclamaba, como un derecho absoluio la liber– fad de pensamiento y de expresión, que no pue– de llevarse ·a la práctica sin daño social y por consiguiente, tuvo que co.rregirse a.

sí mismo, en la práctica, contradiciéndose, cuando tropezaba con el inconveniente Los gobiernos bien orien– tados deben mantener la libertad de prensa, su– peditada., no al pensamiento e intereses políJicos del gobetnanie, que ésto sería tiranía, Slno a la justicia y al bien común, q;ue se encarnan en los postulados nacionales de orden y paz, que no se deben traspasar jamás, que implica el régi– men constitucional establecido, con sus propios medios de deIensa individual y colectiva contra los desórdenes y abusos del poder público .siem– pre presUITlibles en lo humano de Jodo gobletTlo. En la evolución moderna de la política, la jus– ticia llamada social ha 5uslliuido, en la jerarquía de las preferencias, al principio de la libertad absoluta. que resulta siempre impracticable, co– mo lo demuestra evidentemente el caso de Ba– rrios en El Salvador, que cultivando en su espí~

litu principios más avanzados, superiores en i.o– do sentido a los envejecidos y caducos de Carre– ra, mejor calificados en verdad de oscurantistas y retrógrados que de cristianos, pues cristianos en puridad no eran., no pudo tampoco mantener enhiesto el lábaro de la libertad de prensa, qu~

fuera hoy, a haberlo mantenido, un laurel in– marcesible en su corona de gobernante progre– sista y bueno

Como corolario de todo lo expuesto, pode– mos decir que si Guatemala y El Salvador hubie– ran. am.ado más la justicia sobre sus propios prin– cipios políiicos, por no mentar sus i~teres~s, h.a– brían evitado la guerra del 63, que so~o deJó ins– tes consecuencias en las conciencias Centroame– ricanas, que desde entonces se ha di~~nciado ca– da día más de lo ~ue parecía su desUno mani..

tiestoz la resiauracion de la Gran Naoionalidadl

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