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Curioso, en su propuesta a Jerez, para efec~

fuar la Unión. Le dice: "Mi pens~mienfo so– bre reunir la Legislatura para que deIlbeIen, pre– senta ahora un inconvenienfe, y es, que la ASBnl– bIea de Honduras compuesta casi en su ±ofali~

dad de individuo~ de la administración caída,

irían a formar oposiciones. Entiendo que 10 que

hay que hacer e"s que Ud. se hable con el señor

General Marlínez sobre los deialles de la Unión,

esio es: forma do gobierno general, organiza– ción de cada Estado en parlicular¡ manejo de fondos, concentración de annamenios¡ punto de residencia de las autoridades, etc

I para que en

nuestras vistas discutamos estos punios y conve– nidos pasarlos al señor Castellanos, para obtener su adhesión Entonces puede convocarse en los ires Estados una asamblea ad hoc poco nUlne– rosa, para evitar los inconvenientes que un cuer– po deliberante pudiera presentar Cll'eo que nuestra mira debe ser llegar al objeto, que des. pués so darán instituciones populares. Las dila– ciones, el Inovimiento y la bulla anticipada– mente podrían comprometer la empresa: que se unan los Estados de cualquier modo, y después de unidos, que se den sus instituciones, esto es lo natural".

Apreciados con el criterio Inoderno esías ideas del General Barrios pudieran creerse lascis..

las, para las que la acción es priInero que la teo– ría o cuerpo de doctrina, que viene después a realzar y a aquilatar los actos Así procedió en Italia Mussolini: primero se apoderó del Estado por 13 fuerza, y para consolidar su poder, ha– ciéndolo dominador y expansivo, se promulgó después la docirine del !a.scio, ésto es, se dieren. las insfiíuciones que se fueron desarrollando en una gran teoría general y slli generis sobre el Estado y la sociedad, en el campo de la His±oria. Barrios sin embargo, no podía ser un fascista

anticip~do, pero, aunque estaba dominado por la teoría liberal, su espíritu práctico lo llevaba a promulgar principios que no estaban en conso– nancia con su jdeología política, cuya realización posponía pal a después de los sucesos. En una palabra, no era, propiamente hablando, un libe– ral romántico que sacrificaba iodo a la liber::l::ad Le rendía cul±o en lo puramente intelectual doc– ±rinario, pero en la prác!icB, le dejaba mucho campo a la auioridad, en cuyas manos venía a ser la liberiad un sin1.pre instrumento de gobier– no, que se usaba o se dejaba de usar, cuando así convenía a los in±e:tese.s del Estado

Esto lo puso de manifiesto en su ira±amiento con la libertad de prensa Uno de los mofivos que tuvo el mandatario salvadoreño para rom– per sus relaciones con Nicaragua, bajo la Presi– dencia del Gral l-lIarlínez, fuet"on los ataques que la prensa nicaragüense le lanzaba a Barrios, ins~

pirada por sus enemigos políficos. Así lo reco– noce el propio Barrios en su manifiesto a los pueblos del 16 de Diciembre de 1862: "Con el Gobierno de Nicaragua estuvieron cariadas las :t elaciones por disposición mía, A CAUSA DE LAS

PUBLICACIONES OFENSIVAS que allá se permitía

hacer a los emigrados, contra esfe Gobierno"

En este punto cabe una observación de su– ma importancia Si el Gobierno de Marfínez de– jaba en liberfad a la prensa pal a discufir los pro– blemas nacionales y c6±icar y censurar los actos de su propio Gobierno, la queja de Barrios no tenía jusiificación, pero si se trataba de prensa oficial o semioÍicial, o independiente a medias o controlada por el Gobierno como puede apa– recer en esos casos, entonces la queja era jusfa

y bien fundada, porque las publicaciones ofen– sivas al Gobierno salvadoreño no indicaban mas

que la mala disposición en que esfaba el GOQier~

no de Nicaragua, contra el salvadoreño. Cuan– do se rompieron las hostilidades de Honduras con Nicaragua, el Gobierno del Presidente Montes hace ese cargo directo al de Nicaragua: "La prensa de ese Estado, .encargada de soslener la candidalura. del Gen... a] Martinez a. la Presiden.

cia, que por lo mismo debe considerarse oficial,

vomita las injurias más atroces contra este Go– bierno, empleando únicamente la falsedad y la mentira"

El cargo no era, pues, por las publicaciones hostiles en sí, sino por ser hechas por la prensa oficial o asalariada Esto pudiera crearnos una duda respecto a la actitud de Barrios frenie a la libertad de prensa, pues como fanio en Guatema~

la, donde no había del todo libertad de prensa, como en Nicaragua, donde la oficial era la que acogía los ataques, pudiera creerse que Barrios, amante de esa liberlad, la consentía en su pueblo. En Nicaragua, en tiempos de Marlínez, no había tampoco libertad de prensa, sujeta al famoso Decrelo del Bozal de 1863, que sometía a la pren– sa a es±riC±a censura. El Gobierno de 1867, bajo la Presidencia de don Fernando Guzmán, derogó dicho decreto, y desde entonces por cinco lustros hubo en Nicaragua irrestricta libertad de prensa Don Enrique Guzmán en un artículo de análisis sobre nuestra liberfad de imprenta publicado en 1877, decía: "Los nicaragüenses podemos decir que nuestra prensa es la más libre de Centro América, fal vez la única, y una de las más li– bres del continente Diez años hace que usa– mos y abusamos de esta libertad, sin que a nin– gún agen:l:e del poder se le haya ocurrido, du– rante iodo ese tiempo, poner la mano sobre el más plocaz y desautorizado panfle±ista" Los go– bel nantes que merecieron tal elogio de una plu– rna adversaria como era a la sazón la del escriR 101, fueron don Fernando Guzmán, don Vicente Quadra y don Pedro Joaquín Chamarra Los si– guientes gobernantes, Joaquín Zavala, Adán Cár– denas y Evarisio Carazo, siguieron en sus respec– tivos períodos fal ejemplo La liberlad de pren– sa se eclipsó bajo Sacasa y pereció del todo con Zelaya, para no desperfar, aunque debilitada, a su caída Estos antecedentes han ejercido pode– rosa influencia en el carácter libre del nicara– güense, que aun bajo la firanía o dictadura de Zelaya, se manifestaba más libre que sus herma– nos, los den1.ás centroamericanos, acaso con la excepción de Costa Rica, en los úliimos años. Es bueno tener presente estos hechos, para po~

der comprender la histolia patria y el ambien– fe político en que se han desarrollado nuestros destinos cívicos. Pero no hay Inotivo para creer– lo Más bien lo contrario, si tienen alguna sig_ nificación las palabl as de su manifiesto a los pueblos ya citados, donde, quejándose <;le los ataques contra su Gobierno lanzados por los pe– riódicos asalariados por el Gobierno de Carrera, dice:

"Aun fenía yo fe en los reclamos oficiales, y di orden al Ministro respectivo para que hi– ciera presente al Gobierno de Guatemala los ma– les que aquellas publicaciones podían causar, en el orden público de estos nueblos Yo medía la lealtad del Gobierno de Guatemala por la mía: allá saben n1.uy bien que en igualdad de circuns–

tancias, HABRIA YO REPRIMIDO CON MANO SE– VERA A LOS QUE HUBIERAN .OSADO LEVANTAR UNA VOZ CONTRA LA QUIETUD DE AQUELLOS

PUEBLOS. Pero era una ilusión: el mal tenía su origen en donele yo inquiría el remedio Así es que por toda contesíación. se dijo en resumidas palabras que no se podía atender allá conira l~

liberfad de imprenta. Esto era evidentement~

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