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" S para darle cuenta de la situación anómala na , 1 d" con Guatema a, lce:

"Consecuente con mi propósifo os he convo– cado extraordinariamente para pt;>ner en :vuestras nOS la suerie de nuestra quenda paina, ama– roda injustamente en los más caros derechos que

~~nsiiiuyen su existencia y soberanía

l por el Pre-

.denfe de Guatemala don Rafael Carrera, en

sluien los enemigos de El Salvador han logrado

~ngendrar desconfianzas infun4ad,as respeet? a la :tranquilidad de aquella repubhca, supoule n –

do que más farde puedo yo. p.erlurJ;arla con los grandes elementos que sUffilnlsiraran el progre–

so rápido y el bienestar de El Salvador

"Le han dicho que no es posible que pue–

dan existir en Centro Atnérica dos enfidades pú–

blica.s profesando diferenies principios polí~icos,

sin que la una destruya a la otra: que, 51 du– rante los pocos años de mi Gobierno ha llegado e51a repúblic~ a la aUqra en que se encuen~~al

pasando el hempa, sera segura la anonadaclOn de la autoridad del General Carrera y la destruc– ción de las instituciones guaternaliecas, para reu– nir aquella república a las demás de Centro Amé– rica en cuerpo de nación, fundado todo en mi conocida tendencia a la Unión Nacional".

En el fondo de iodo este embrollo aparece bullente la candente cuestión unionista, :temida o desechada por Guatemala, o mejor dicho por la políiica de Carrera. "A la verdad, dice un co~

municado oficial de El Salvador, citado por GÉl._ mez, causa pena la futilidad de las razones que

el jefe guatemalteco alega para probar que el Presidente Barrios ambiciona dominar a Guate– mala, y él fado Ceniro América, y que es la sola causa de la guerra que nos 8tnenaza. Uno de los hechos que trae al efecto, es el frafado d~

alianza ofensiva con Honduras. Nada ha vah– do profesfarle de parle de El Salvador que dicho trafado no encierra cosa hostil a Guatemala, pro– poniéndole en justificación que él ajustase uno idénfico, si quería"

Ese documento termina con estas palabras:

"Los hechos jusfific:an al Gobierno Salvado~

raño de no ser el agresor en la lucha glodosa a

que se apresta el General Carrera, seduciendo acaso GU espíritu preocupado por hombres que especulan con la ruina de los pueblos y de los Gobiernos. Nosotros aceptamos esa guerra ini–

cua como una necesidad, y si la justicia de nuesfra causa y el valor de nuesfro ejército son alguna garantía de la victoria, esperamos alcan– zarla Tal vez la Providencia, que ciega a los que quiere castigar.. conduzca al General Carrera

a expiar sus faltas de veinte y cinco años, a nuesiros campos y ciudades, víctimas en otro tiempo de sus depredaciones y violencias".

Tenemos, pues, que para el Gobierno del Ge– neral Barrios la guerra que iba a emprell,der te– nía sólo carácter defensivo, era inicua y acep– tada sólo por necesidad, en la esperanza de ser

instrumento providencial para el casligo de Ca–

rrera que tenía por gloriosa a la misma guerra

y fenía por fin liberiar del peligro de la domina– ción de Barrios a Ceniro América, verdadera ra– zón de su unionismo.

Pero no sólo se debafía la unidad de Centro América en esa guerra. Gua.tem.ala se había eri~

gido en defensor de la Religión, que juzgaba conculcada por Barrios. En las bases de paz propuestas por Carrera, se halla la siguiente con–

dición, "La vuelta del señor Obispo Zaldaña a

la Diócesis" Nos paréce que esa base es el col–

mo de la hipocresía política, porque aparede allí sin necesidad, ya que aceptada la primera base del refiro de Barrios de la Presidencia, se seguía la consecuencia natural de la vuelia del Obispo Zaldaña de la enügración, donde permanecía contra la expresa voluntad del Papa, que le orde– nó su pronto regreso a su Diócesis, dado caso que fuera Barrios el que le impedía volver. Esa base que mezclaba la religión con la política,

~ndebida e innecese.riam.enie, no tenía otro objeto que hacer aparecer santa una guerra que estaba lejos de serlo, por su carácter injustificado, hija de las pasiones políticas desbordadas, atizadas por las ambiciones de mando Casi indigna a un verdadero cristiano que se haya tomado el nombre de un Obispo como pre:l:exfo de una gue– rra sin jusfificación

Barrios, que no se quedaba callado nunca, respondió a esa base, con su energía contunden–

te así:

"El General Carrel a no conoce a los salvado~

reños Para conseguir sus miras ha creído en–

gañarlos consignando fambién como condición

de paz el regreso del Ilustrísimo señor Obispo, especie sobre la cual ni una palabra había dí_ cho en el largo espacio de más de un año, y co– mo si pudiera ser grato a los salvadoreños ver

el nombre de su pastor asociado a las desgracias de la Patria No puede ser amigo del señor 2al– daña quien quiere verlo bañado en la sangre de sus propios hijos

"Nadie ignora en la República que con fecha

10 de Noviembre del año pasado el Ilustrísimo señor Zaldaña manifestó al Gobierno, que desea~

ba obedecer la voluntad de nuestro Santísimo Padre el señor Pío IX, procurando volver a su Diócesis a regir la grey que Dios había puesto

a su cuidado, y quería saber si por parle del Go– bierno había algún inconveniente Con fecha 14

del mismo mes se le contestó por el Ministerio respectivo que ni aníes, ni entonces había incon~

veniente ninguno por nuestra paríe para que re– gresase a su diócesis, cuando lo tuviese a bien,

y que aun esperaba el Gobierno que de ese mo~

do se remediasen los males que naturalmente po– dia haber causado en la moral de los pueblos la.

ausencia de su Pastor".

Era Minisfro de cultos del Presidente Barrios, en ese momento y por consiguiente, autor de la comunicación al Obispo Zaldaña, el nicaragüen~

se Dr Tomás Ayón, nombre respetable y aprecia– do eIl Nicaragua, por su actuación patriótica, y cuya presencia en el Gabinete del Presidente Ba– rrios ha sido una verdadera recomendación, pa–

ra nosotros, en favor de aquel Presidente.

Cómo podía ser enfonces su regreso condi– ción de paz'?

Entre tanto, Guatemala invadió El Salvador,

y se esfrelló en las fortificaciones de Coatepeque,

el 24 de Febrero de 1863, y en medio del eniu~

siasmo que produjo en El Salvador la victoria

de sus armas, llega de Guatemala "La Gaceta" del 4 de Marzo, en que aparece publicado el fra~

fado Samayoa-Aycinena En San Salvador se co~

menta oficialmente el hecho en esta forma:

"En la parie oficial de aquella Gaceta se re– gistran el "Tratado de paz, amistad y comercio enfre las repúblicas de Guatemala y Nicaragua", firmado en Guatemala el 20 de Septiembre de

1862. El arlículo 10 concluye con estas pala~

bras, se obligan (ambas repúblicas se entiende)

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