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LA ANTITE51S SALVADOREÑA

Con qué pensamiento entró a la guerra El

Salvador en 1863'?

Barrios tenía un alfo concepto de la heroici–

dad de su pueblo, y se hacía la ilusión, si no

era efecto de pura jaC±ancia o baladronada, que

ella lo conduciría a la vicioria conira las tropas de Carrera Lo esperaba, en cierla manera, por

varias razones Una de ella por la crisis econó–

mica que aquejaba a Guatemala a la sazón, por la caída de la grana, uno de sus productos de

exporlación. Así se expresa en carla al General

Jerez el 4 de Junio de 1862, en que considera esa circunstancia propicia para el restableci–

miento de la Unión;

"Guatemala, dice, se halla ahola incapaz de hacer resistencias, porque con motivo de la caída

de la grana, se ha empobrecido tanio aquella

república, que el gobienlo carecerá na±urahnenie de los recursos que exigiera una lucha. Además

de esio, la escasez aun de los víveres de primera l1,ecesidad, ha producido un desconiento muy ge

w

rieral y muy pronunciado contra el Gobierno

Un movin1ienio en esas circunstancias tendrá fu– nestos resultados contra sus aufores No se de– be, pues, temer a Guatem~la en las ac~ales cir~

cuns±anc:ias. Lo que conVIene es pronhtud y po– ca bulla en el movimiento"

Es ciedo que en ese pán afo Barrios no se refería a movimientos bélicos, sino al de la Na– cionalidad iniciada, pero bien sabía o presumía que ese pensamiento no era grato a Guatemala.

y que había que contar con su oposición hasta la guerra, si estuviera en su mano efecfuarla, pa~

ra impedir su realización Así es que la idea de las circunstancias no eran favorables a Gua–

temala ha de haber perjudicado a Barrios. en cierto modo, arrastrándolo a plantarse o enfren_ társela a Carrel'a, a quien crela más débil de lo

que en realidad estaba, pues ni la crisis ni el descontento fue! on barreras infranqueables para impedir la decisión de aquel mandatario en pro de la Unión.

Carrera no se sentía ni estaba tan débil, que diganlos, como lo suponía Barrios para sacudir todo temor que en el fondo le ha de haber infun– dido el conocimiento de la realidad histórica que señalaba a Guatemala en todo tiempo más fuede que El Salvador, por el contrario, como era na~

lural, acostumbrado Carrera a imponer gobiernos en la república vecina, apenas decidió declararle la guerra a Barrios, lo juzgó vencido, y contes~

tanda a insinuaciones de arreglos de paz del señor agente oficioso de Honduras, don León Alvarado, hace unas propuestas de paz, que Ba–

rrios juzga una capitulación y se burla de ellas en el manifiesto que dirige a los pueblos. En ese documento dice el Presidente salvadoreño:

"El General Carrera, parodiando de vance– dar, sin haber principiado la lucha, ha propuesto una capitulación por medio del Presidente don Sebastián Valdés, en que exige nuestra sepal'a– ción del mando como Presidente de la República

y la no interrupción de su marcha hasta ocupar con su ejército la plaza de San Salvador.

"Están vistas las miras del General Carrera. Quiere que entreguemos a su rapacidad nuestra libre y próspera República. Si la cuestión fuera

por nuestra persona, como la ha querido hacer ver con su torpe hipocresía, no pretendiera la ocupación de la capital. Saquear, encarcelar, perseguir, asesinar a los salvadoreños, llevarse el annamento a Guatemala, tomarse las rentas de nuestros puertos, despojar la república de su autonomía y dejar un esbirro con el nombre de Corregidor, corno lo hizo con el Estado soberano de los Altos, que aun gime bajo el yugo de su desenfrenado despofismo; esto es lo que exige el General Carrera en cambio de la paz que ofrece

a los salvadoreños Se ha visto jamás una osa· día fan estúpida?"

En esta diatriba presidencial del General Ba– rrios se pone de manifiesto un procedimiento unionista de parle del separatista Carrera; el mo– do cómo absorbió Guatemala el estado soberano de los Altos, cuya pérdida de autonomía parece lamentó el unionista Barrios. Ante ese hecho se ha podido pensar que al fin y al cabo lo que Carrera pretendía era llevar a feliz término, sin la bulla de los movimientos unionistas, la verda– dera Unión Centroamericana, por vía de absor– ción del Estado más fuerte que se va imponien– do a los demás, por la razón o la fuerza El pro– cedimiento tiene el apoyo de la historia La unificación de España, y en el siglo XVI, por ejemplo, no se hizo de otro modo La madre Castilla fue imponiendo su dominación poco a poco sobre los demás reinos, hollando muchas veces su libedad y sus fueros, y así como impuso Guatemala su dominio político sobre Los Alfas, sujetados a la unión nacional, ahogando sus ten– dencias separatistas, así hubiera podido Guate~

nlala, también ir poco a poco imponiendo su autoridad de dominio sobre los demás Estados Centroamericanos hasta hacer de fados ellos una nación, en la más perlada unión de la República de Centro América; y hasta llegamos a pensar que ese era en realidad su destino histórico, al que sin duda faltó por la adopción de una polí– tica demasiado adusta para ser atractiva. y poco justa y difusiva, para podal' ser absorbente, pues toda autocracia, base de los regímenes de Gua– temala desde Carrera acá, es por naturaleza re– pelente y odiosa

Desgraciadamente no era el propósito de Ca– rrera semejante absorción, ni la preparaba con doctrinas previas justificativas. No obedecía su enemistad con Barrios a un pensamiento unifi_ cador, sino al contrario, al miedo de que se fu–

sionaran los ires Estados de Honduras, El Salva– dor y Nicaragua, bajo el mando supremo de Ba– rrios, y surgiera, frente a Guatemala, una poten

w cía contraria equilibrada o superior a la propia. Guatemala, creemos, vino a la vida de las na– ciones con el destino de dominar a los otros Es– tados, absorviéndolos, pero no lo comprendió así, ni quiso desplegar las velas al viento, en el

n1.sr de ese destino. Se encerró en un hennetis~

roo separatista, vendiendo su primogenitura por e}. plato de lentejas de una influencia meramente personalista y política, que acab6 descabalando el ideal nacionalista que en Barrios se volvió una especie de obsesión,

Barrios presentía algo de ésto, y 10 expone desfigurado en frases teñidas de megalomanía patriótica En el Mensaje que el 16 de Enero de

1863~ dirige al Congreso en sesiones exfraordina.-

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