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« Previous Page Table of Contents Next Page »tios <.le corga para las provisiones, y utensilios de coc.;ino entre otras cosas; pero lo peor del caso era que el aguo debía buscarse cada día desde cdlá arriba en las tie– rras bajas, pues los orroyos de las Jaderas del volcán carecían de agua por muy profundos que fueran. Cuando salimos de Moyogalpa la expedición con– sistía en 4 hombres, tres bestias de carga y Nerón. Bostrom y yo montábamos, mientras la subida no era muy empinada, la tercer bestia llevaba lo carga, López e lldefonso iban a pie. Este último había sido tomado a sueldo sobre todo porque conocía un comino bastante bueno hasta la cima del volcán, donde decía haber estado cios veces. Debía, adem6s, funcionar como oficial de enlace con la parte habitada de lo isla, y cada tarde bajar a caballo para renovar nuestra provisión de ogua.
Nuestro camino seguí'a primero hacia el sur, des– pués hacia el este sobre un terreno calcáreo que subía progresivamente desde cerca de la costa en parte cul– tivada que pronto se convertía en un bosque bastante desarbolado. Cuando salimos del bosque a la parte inferior del volcán cubierta de pasto, ya habíamos, sin notarlo siquiera¡ ascendido a unos 250 metros sobre el nivel del mar, y por lo tanto, a 215 metros sobre el nivel del Lago. Al pie de la montaña, a unos 100 Ó
150 metros más arriba de la ladera de pasto, se le liorna "la me~a"¡ la que está, en varias partes, atrave– sada y cortada por hondos arroyos.
Los indios deseaban que ya hiciéramos aquí el campamento, mas como era intolerablemente caliente, porque los árboles en las quebradas eran bastante grandes para impedir que las brisas del lago nos llega– ran y demasiado desnudos para servirnos de protección contra el sol. Continuamos, pues, subiendo, después que una gran parte de la carga de la bestia fue distri– buída entre los dos caballos que montábamos y tirando de las jáquimas de los animales. Ascendíamos en zig zag por las laderas de la montaña, cada vez más empinadas, por algunos centenares de metros más e instalamos el campamento en una honda quebrada, de vegetación espesa, cerca de los 600 metros sobre el nivel del mar.
A la sombra de algunas acacias amarramos nues– tras hamacas. No teníamos tienda de campaña, pero contra la lluvia extendíamos para protegernos un capo– te de hule sobre cada hamaca. Arriba de la quebrada se oía una bandada de "pavos" (Penelope purpuraceus) un poco más pequeños que un "tjader lJ (ave sueca). Después de media hora de arrastrarme entre espesos matorrales conseguí tirar un par de ellos. Nos hicimos un agradable asado para el almuerzo.
En la tarde tiró Bostrom una nueva y valiosa pie– za para mi colección. Un oso hormiguero o tejón (Tamandua tetradactyla). Es un animal curioso, de cabeza alargada y nariz estrecha. La lengua que sa– ca bien afuera es redonda. Las patas están armadas eJe uñas grandes y fuertes. Viven parte del tiempo en el suelo, parte en los árboles; su alimento principal consiste de hormigas. Yo mismo no los he visto atra– parlas, pero permíltaseme citar a Dampier, el que in– forma sobre observaciones comprobadas más tarde: "El oso hormiguero es un cuadrúpedo del tamaño aproximado de un perro grande, con pelo grueso café
üSCLlro. Tiene patas cortos, nariz larga y ojos peque– ños, un hocico muy pequeño y una lengua, con (a que lome, de 5 a 6 centímetros de largo. Vive de hormi– gos, por lo tonto, se le encuentra en la vecindad de hormigueros o de caminos de hormigas. El oso hor– miguero toma su alimento así: coloca su nariz contra el suelo, cerca del camino donde pasan las hormigas, -estas se encuentran en grandes cantidades en estas regiones-, después, sacan la lengua a través del ca– mino. Las hormigas van y vienen, sin detenerse por el camino; cuando llegan a la lengua se detienen y después de dos o tres minutos está la lengua cubierta de hormigas. Cuando el oso hormiguero se da cuenta de ello, recoge la lengua y se traga las hormigas. Lue– go, saca de nuevo la lengua para atrapar más".
Oso hormiguero
Al día siguiente fue imposible hacer alguna nue– va tentativa para escalar la cima de la montaña, pues nubes espesas, llenas de agua, se mantuvieron todo el dí'a su alrededor a unos doscientos metros encima de nosotros. Por fa tarde se descargó un fuerte chubas– co. Con todo hicimos excursiones de cacería alrede– dor de nuestro campamento. Cuando pasaba una quebrada y comenzaba a subir por la ladera norte, cu– bierta de crecioos matorrales, de repente l'-lerón se detuvo y husmeó fuertemente en dirección del viento. Cuidadosamente me arrastré entre los matorrales y ví ante mí, en la sabana que terminaba abruptamente a unos 100 metros de distancia, una manada de 8 ve– nados(Cervus rufinus). No eran mucho más grandes que corzos pero de formas más finas y elegantes. El rebaño se componía de un viejo macho con bellos cuernos enramados, de otro macho de cornamenta me– nos grande, tres hembras y tres crías, estas últimas eran de color café claro con manchas blancas en los costados; los más viejos eran de color rojo amarillento, siendo el más viejo más oscuro.
Apoyé mi escopeta sobre una rama, apunté cui– dadosamente al macho y le tiré. Dio un salto alto, cayó sobre sus cuatro patas, se mantuvo de pie un par de segundos, luego doblegó las patas delanteras y dio un volantín. Cuando llegué al lugar donde había caído estaba muerto. Los otros huyeron, rápidos como el viento, y en un instante desaparecieron en otra que– brada.
A pesar de que la diferencia de altura no era muy grande, la temperatura era mucho más baja aquí arri– ba que en 10 faja de la costa yen particular las noches eran frescas, agradables y refrescantes En la fauna
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