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ESQUIPULAS

! le Los AI1SJ8lüs bUjOIlIÚ:> u eubullo hdsta Id pluyu,

la seguimos por un trecho y después seguimos un ca– mino más corto de regreso a Moyogalpa pasando por el pueblo de Esquipulas. Este es, más o menos, del 1'(liSI110 tClmaño que Los Angeles, pero da una impresión más agradable, debido a que todas las casas se en– cuentran engarzadas en huertas y jardines más bellos. Los habitantes parecen más acogedores y abiertos que los de Los Angeles, y me obligaron a detenerme por un rato poro atender a uno de ellos que se había maltre– cho al caerse de un árbol. No tengo ninguna razón de quejarme del atraso porque me dieron muy buenos informes sobre zoología y arqueologra; y cubierto de flores y regalos de mis huéspedes, me dirigí de regreso a Moyogalpa, puesto en camino por un grupo de la alegre juventud del pueblo.

ARMAS PFjLIGROSAS

Camino a casa me ~ncontré con dos cazadores dominicales indígenas, que con alegría aceptaron mi propuesta de traerme, a cambio de una recompensa en dinero contante, los animales de interés que pudie– sen tirar. En su entusiasmo querían que yo los siguie– se inmediatamente hasta un lugar muy bueno para la caza. Rehusé, sin embargo, de la manera más urbana la invitación porque me pareció. que sus armas eran más peligrosas para los tiradores mismos y sus invita– dos que para sus presuntas víctimas.

EL LEONCITO -

Ya referí que mi colección se había aumentado con un manito, pera se me había olvidado narrar que Nerón había recibido un camarada en Granada con el que tenía dificultades en mantener buenas relaciones. Era un leoncito (Felis eyra) -ver figura p. 20- que compré a unos inditos que lo habian cogido con una trampa para "guatusas" o "agutíes" (Dasypocta isthmica) en la vecindad de lo ciudad indígena de Di– riamba. Hice una pequeña jaula para él y lo alimen– té con pajaritos y carne de mono, etc. Se hallaba muy bien y se volvió tan manso que comía de mi mano

y aun lo podía llevar conmigo amarrado de una cuer– do Era uno de los más bellos y graciosos de todos los digitígrados y desarrolló una gran fuerza a pesar de su pequeño tamaño, que no es mayor que el de nuestros gatos domésticos, pero tiene una cabeza más pequeña, más fina, y las formas del cuerpo más (argos y más delicadas. El cofor es rojo café, algo más os– curo que e( del puma, sin manchas o rayas. Su propio ámbito es el de los trópicos de Suramérica. Al norte de Panamá es muy raro, y por (o que sé no lo habian encontrado antes en Nicaragua. Lo llevaba conmigo durante un mes en todos mis viajes y tuve mucho pla– cer en su compañia, hasta que un dio -esto era en Charco Verde- se aprovechó de la ocasión que López había olvidado cerrar la puerta de la jaula para fugarse ante mis propios ojos. Mandé a Nerón tras él, pero rápido como el relámpago se subió a un árbol, de ahí! saltó audazmente a etro, y en !. mos pocos segundos había desaparecido en el espeso bosque.

LA VISITA DEL CURA

Yu l~l1íd 10 diCls de estar en Moyogalpo, pero /lO

,habia visitado aun al "Cura'l del lugar, por lo que no me dejó de causarme algún embarazo cuando el Padre, seguido de un chiquillo desnudo que lo acompañaba, llegó a mi pieza de trabajo a hacerme una visita. Des– pués que los más ceremoniosos saludos y seguridades de respeto mutuo fueron cambiados entre nosotros, se sentó el Padre en mi hamaca y comenzó su sermón diciendo que a pesar que él sabía que yo era un "heré– tico" me hacía una visita para darme informes sobre la historia de Ometepe y su naturaleza. Sus teorías sobre el largo reposo del volcán, sobre los habitantes primitivos de la isla, sobre su fauna' y su flora, eran muy audaces. Mi educación y búenos modales' de dueño de casa me impidieror\ sin embargo, hacer otra cosa que vacíos y débiles comentarios.

Le presenté a Nerón, pero cuando el Padre supo que era de la raza San Bernardo, se puso muy enojado y declaró que era un sacrilegio llamar una raza de perros· con el nombre de un Santo. Cuando le hube dicho un colorido discurso sobre los humildes y mansos monjes del Hospicio y sus hazañas y las de sus perros en favor de los viajeros en apuros en los pasos nevados de los Alpes, se puso un poco más tranquilo e hizo la reflexión que sin el auxilio de los santos monjes y de sus mansos perros todo tráfico entre Europa e Italia sería imposible, y por fa tanto Su Santidad el Papa, en Roma, no podría recibir oportunamente sus diezmos. Para hacer desaparecer la última impresión de burla en materia de fa profanación del nombre del Santo, de– claré que· Nerón eran tanto menos culpable por el nombre que llevaba que sus antepasados, ya que le . habíb dado el nombre de uno de los más crueles em– peradores paganos. Esto lo encontró el Padre bien hecho.

Después de un buen rato de conversación y des– pués de que yo decidí regalarle una buena pipa de Upsala y una botella de ron, nos separamos como (os mejores amigos. '

Por la tarde le devolví la visita y recibí durante una hora más toda la sabiduría especulativa del Padre. El era un indio de sangre casi pura, a pesar de que él eJecía que corría por sus venas mucha sangre de "Iadi~

no". (Se llama "ladino" en Nicaragua y en las otras repúblicos centroamericanas a los hijos de blancos e indios, lo mismo que a sus descendientes). La gran mayoría de los curas o sacerdotes rurales que ví en Nicaragua eran indios puros o de una raza fuertemen– te mezclada de indio, péro si es una cuestión de honor para la gente de color reclamar para sí tanta sangre blanca como es posible, la etiqueta exige que no se muestre ninguna sorpresa, cuando uno que otro amigo, color de bronce" hable de "nosotros los blancos".

UNA EXPEDICION EXPLORADORA

En parte para estudiar la vida animal más arriba de las laderas bajas del volcán, en parte para corregir desde lo alto un mapa que habíb hecho YO,de Ometepe, decidi instalarme por algunos días en un lugar favora– ble, tan alto como fuera posible, sobre el volcán. Organicé, pues, una expedición bien equipada con bes-

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