This is a SEO version of RC_1963_10_N37. Click here to view full version
« Previous Page Table of Contents Next Page »raíces enterrados en parte en la raíz de un Ficus. De ahí subían dos troncos de 3 centílmetros de grLleso entrelazados el uno con el otro hdsta las ramas del árbol, donde se separaba cada cual siguiendo su rama; a menudo subían a lo largo de esta en varias vueltas; ramas laterales mostraban láS hojas y las enormes flo– res que medían algo más de 30 centímetros de diáme– tro. En el interior tenían un color dmarillento atercio– pelado y en el exterior mostraban sobre un fondo pálido unas manchas redondas. Este ejemplar tenía 11 de estas flores gigdntes y más o menos 20 botones verde– amarillos.
Con el bote enteramente cargado dejamos la laguna de Santa Rosa y pusimos el timón rumbo a Moyogalpa. El fuerte viento noroeste había levanta– do un oleaje tan violento que apenas pudimos pasar La Soquita y el bote se llenó de agua. Después nos encontramos Con un oleaje menos fuerte y seguimos todos los contornos de la playa hacia el sur. A pesar de mi rico botín de cazo¡ no pude contenerme de tirar
algunos ejemplares de lo garza azul; caían lejos, lago adentro¡ pero i'lerón las recobraba sin dificultad¡ pero cada vez que regresaba al bote me daba un baño frío.
ESTIPl~NDIOS y HONORES
Cuando llegué a mí habitación¡ encontré a un indita que me había esperado un par de horas. El ob– jeto de su visito era dejarme tres huevos de gallinas corno honorarios de un paciente con calenturas que había mejorado. Además¡ debía darme el clásico re–
cado¡ que el hombre en cuestión tenía más huevos de venta¡ a cinco centavos cada uno.
Algunos días más tarde, cuando estaba pensando abandonar fa ciudad en una semana más¡ vino el AI– calde¡ un indio viejo¡ acompañado de cuatro de los más importantes notables del poblado¡ y me propuso con toda seriedad que me quedara allí como médico. Se comprometía a construirme una casa y a cultivar lo que necesitase para mi mantenimiento. Aunque muy Cldulado me ví obligcldo o declinar este honor.
OMETEPE. EL VOLCAN. CHARCO VERDE
Seguido de López¡ una mañana hice, hacio el sur. un viaje a caballo. De la dueña de casa había tomado prestado un caballito que tenía el nombre pro– metedor de l/El Vaporll y pronto pude constatar que este nombre encerraba la ironía más profunda. Sólo por unos minutos podían las espuelas y el látigo des– pertarlo de su letargo habitual. Por el lado oeste del volcán la tierra se revestía en la forma de una sabana extensa con muchos bosquecitos. Una gran parte del terreno es usado como potrero y una pequeña parte para plantaciones. En la primera se encontraban nu– merosos rebaños de pequeñas pero bien cuidadas reses. Por aquí y por allá se veía al borde del camino un limpio y cuidado rancho rodeado de un jardín con mu– chas flores. El volcán se alzabCl en lo alto¡ por sobre nuestras cabezas¡ como un poderoso señor sobre la tierra a sus pies, con un rebozo de blanca nieve col– gando desde la cima hasta la mitad de sus laderas. A primera vista se podrPa creer que aquello era un campo de nieve si el calor no nos hiciese inmediatamente ol– vidar esas fantasías.
LOS ANGELES
Pronto llegamos al lugar que queríamos visitar: el pueblecito o aldea de Los Angeles. Esta se Com– ponía de 20 ó 30 chozas grandes y entre ellas una pequeña, bien construída iglesia de tablas de cedro ba– jo un techo de tejas. Fuera de la iglesia se encon– traban erectas dos estatuas de dioses o de gigantes de los tiempos de los Niquiranos. Eran de tamaño menor que el de un hombre¡ sentados, con brazos excepcio– nalmente largos y con las manos descansando sobre las rodillas, las piernas eran desproporcionadamente cortas. Encima de la cabeza tenía una de las figuras una gorra o casco representando una cabeza de pájaro; la otra, una cofia en forma de cabeza de jaguar. Eran monolitos cortados en basalto negro vítreo. Vi-
Antigiledades indígenas
sité la mayor parte de las casas para obtener informes sobre las antiguedades¡ pero en general obtuve res– puestas evasivas. Probablemente mi fama no había llegado aun hasta Los Angeles.
Inmediatamente fuera dei pueblo tiré¡ desde mi cabalgadura¡ l/un mico
ll -un mono-araña-. Esto fue demasiado para ¡¡el Vaporll y se lanzó al galope. Lo paré metiéndolo directamente dentro de una cerca de cactus -cardones-- lo que probó ser un tranqui– lizante inmediato.
~34-
This is a SEO version of RC_1963_10_N37. Click here to view full version
« Previous Page Table of Contents Next Page »