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« Previous Page Table of Contents Next Page »Terminado el almuerzo quedamos en amenas te~tu/ias y quiero contar una anécdota que revela el carácter y la chispa de la primera dama hondureña dolía Anito Lagos. Especialmente invitado por ella había sido mi hijo de seis años Carlos. No se sentó a la mesa pero lo atendie– ron con otros niños que habían concurrido también. Doña Anito llevándonos a la orilla del río tomó de la mano a Carlos y le dijo: Carlitas, te quiero enseñar mi lago; y le mostró una laguneta que había formado por el encuentro de los ríos. Mi hijo, vio la laguneta y le dijo descortésmente: Ese no es lago, ese es charco. Doña Anito riéndose le replicó inmediatamente. El mío es lago Carlitas, lo que sucede, es _que el tuyo con qu~ lo quieres comparar, es mar. Carlos el niño, no se refería a los charcos que se hacen en invierno en las calles, sino a las lagunetas que se ha– cen al margen de los lagos y que llamamos charco. El Charco de Tisma, el Charco a secas, ten– dido en el camino que va hacia el paso de Panaloya.
Yo subrayé, Mar Dulce, lo llamaron los conquistadores. El resto de la tertulia. que andaba en esos paseos aplaudió por la habilidad de la primera dama.
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A vacilación de don Diego en enviar el jefe con un Estado Mayor para salvar a don
Carlos Herrera, dio lugar a que se pudiera verificar el golpe militar levantándose el ejército, deponiendo a don Carlos y dando por causa el error de la República mayor que habían pretendido formar Guatemala, El Salvador y Honduras.
Fue un verdadero derrumbe el producido por aquel Golpe de Estado.
Dos días después los representantes de don Jorge Meléndez Presidente de El Salvador,
me invitaron a tener una conversación privada con ellos y Con el Presidente Gral. Rafael López Gutiérrez. Estaban ellos alarmadísimos, creían que los Golpes de Estado, seguirían contra todos ellos y que sólo una acción inteligente y enérgica de Nicaragua podía salvar la situación. Yo
les ofrecí que procederíamos a buscar un medio de contrarrestar y parar esos golpes.
Dos o tres días después, fuí llamado por don Diego a Managua. Llegué y me encontré con que don Diego estaba también en el mismo temor que don Jorge y el Gral. López Gutiérrez
y efectivamente contra el primero que se intentó el golpe fue contra don Diego Manuel Chamorro.
Un día de triste recordación para Nicaragua se levantó la guarnición del Campo de Marte deponiendo de la Presidencia de la República al Presidente don Diego Manuel Chamorro. Esta– ba yo en G~anada alistándome para volver a Tegucigalpa. Pero don Diego tuvo un acto de energía y de valor insigne y acompañado por su Ministro de Relaciones Exteriores que lo era en– tonces el Gral. I-Iumberto Pasos Díaz, y del doctor Máximo H. Zepeda que era un factotum de
su gobierno, se dirigió al cuartel sublevado, entró y cuando el jefe quiso operar en contra de él, don Diego con voz de mando que no admite réplica ordenó a la guarnición directamente, destituyó al Jefe, y salvó la situación.
Fuí llamado por don Diego y me tmsladé o Managua. Me dijo que había resuelto cam– biar el Gabinete y que quería que yo fuera el Ministro de Relaciones Exteriores y de Instrucción Pública. El Gabinete nuevo formulado era el siguiente. Ministro de Gobernación Doctor Rosen-
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