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« Previous Page Table of Contents Next Page »qUEj pedir la abrogacion de las sabias dispo– !/iciones de sus primeros legisladores. Explo– tar el senlimiento público y egoísta que atrastra el pueblo poco ilustrado á envidiar
el extranjero indUStrioso, á quien ve hacer
fortuna con objetos que todos fienen al alcan–
ce de su mano, pero que no i.odos saben ufili– zar como él; recordar casos, sin embargo lnUY
raros, en que reclarnacionen i.njus~as ó exage–
radas han sido apoyadas por los cónsul.es, so– brexcitar el patriotismo mostrando en pers– pectiva la iniervencion de un buque de gue–
rra, cuando, por el con1rario, es notorio que,
salvo la Inglaterra y los Estados Unidos (1)
ladas las demás naciones manifiestan á ese
¡-especto una prudencia que pasa los límites de la timidez; son estos, subterfugios poco dignos de un publicista honrado, y que solo pueden explicarse por algnn empeño en ad– quirir fmua á toda costa, y fundándose en el
fácil eniusiasmo de los hispano- americanos
en materia de patriofismo. El autor de aque– lla proposicion contaba fambien sin duda con el anfiguo odio de los españoles confra todo extranjero, odio que sobrevive todavía en la l,Uuchedumbre; hubiera sido mas noble y pairiótico enseñar á estos Gobiernos, toda
vía en la infancia, un modo seguro de impe–
dir al fraude y á la exageracion de deslizar–
se enil-e las reclamaciones . ,
¿Y qué significaría la promesa de indem– nizacion efectiva, bajo el punio de visia fi–
nanciero, aun erigiéndol9. en privilegio mo–
meniáneo para los inmigrantes? puesto que, al hacer esta promesa, el inmigr"nte llega, la riqueza públic;:a aumenta, y por consecuen cia aumentan los medios de hacer frente á las nuevas eventualidades de que se ha hecho cargo el erarió, en términos vulgares puede decirse que el propio inmigrante trae consigo
á la nacion el medio de indemni?arlo. TaJn– bien hay muchas consideracione¡¡ de detalle. Por ejemplo, el inmigrante es esencialmenfe neutral, y, saliendo de la neuhalidad, PlSlrde– ría virfualmenfe todo derecho á una indem– nizacion cualqúiera; parece justo que íos que
tienen interés en sostener ó en sofocar una
revolucion sean los que paguen los gasios
que ocasiona. El inlTIigranlo no pertenece á
partido alguno, y no puede ganar 6 perder en una revoluciono Produce todos los días; las ventajas que rep0lÍa son permanenies; en
lugar que las indemni.zaciones son acciden–
tales; tan accidentales, que la infroduccion de un número considerable de inmigrantes penuitiría ciertamente de proponer, en el Jnundo de la especulacion local, la fornlscion de una compañía de seguros contra los per–
juicios cansados por las revoluciones. Por
(1) Y últimamente la 1 1
1 lisia, en el asunto de Hai.ti.
cierto, gracias á es!e mismo número conside..
rabIe de inmi9" anies, se pudiera, al cabo de muy poco tiempo, mejorar la policía al punto de hacer menos il usarías las garantías consti. tucionales. Entonces el inmigrante entraría
en el derecho comun, al mismo iíempo qlle
todo el país, y las exigencias de esta sifuacion transitoria hubiesen tendido á disminuir to.
dos los días mas y n1é:l.s. sin ser nunca dema~
siado onerosas.
Es imposible tampoco creer que las revo_
luciones serían posibles con la inmigracio n .
Hoy día 2,000 hombres armados revolucio_
nan al país, Y, en algunos meses, aumentan
su deuda interior en 500,000 pesos, y esto sin
resultado, porque, en Nicaragua, es muy no–
iable que el Gobierno legal ha siempre aca_ bado por triunfar. Pero supongamos que el canal por ejemplo, sea hecho, y que un mi– llon siquiera de inmigrantes se hayan esia– blecido en sus márgenes y en las del Lago.
en asla caso nuestros 2,000 héroes no son ma~
que un puñado de malhechores, que los gen– darmes arrestan, y que los tribunales conde_
nan, en proporcion rle sus exacciones
x
Una indicacion de las mas impodan!es
es la que se halla consignada en el tercer in~
forme de la junta de Lean, y que consiste en aconsejal- que se haga primero todo 10 que puede hacerse con los eleluentos aduales, los cuales pueden producir mucho mas que aho– ra.
Tal vez el autor misluo no habrá COlll–
prenciido todo lo capital ele su proposicion que voy intentar desarrollar.
La poblacion de Nical'agua asciende á
236,000 habitantes, á cada uno de los cuales corresponde ora 1/5, ora 1/7, de una milla cuadrada, segun los considerarnos en pro· porcion con la superficie entera de la Repú–
blica, ó solarnenie en proporcion con la su–
perficie de la parte civilizada. Pues bien, en
1870 las exportaciones se han elevado á
1,024,030 $, sea, 4 $, 35 por cabeza de habi– tante, y los ingresos de la adminisfracion du– rante el mismo año han sido de 579,441 $,
sea 2 $, por cabeza de habitante. Estos gua–
rismos son del"nasi.ado inferiores, y sería fá·
eil probar que Nicaragua, aun en sus actuales condiciones, y sin empréstito ni inmigIacion,
debería pagar por lo menos 10 $ anuales por cabeza de conhibuciones al erario, y produ– cir 15 á 20 $ por cabeza a la exportacion, sea tres millones y medio á cuatro milloneS
anuales, á los cuales correspondería la mis–
ma suma por lo menos en importaciones. So' bresale esto á la vista en el cuadro siguiente,
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