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"dencia hemos reconocido despues de plena

"consideracion, y conforn1e á justos princi– "píos, no pudiéramos mirar sino COlTIO una

"manifestacion de sentimientos hostiles á los "Estados Unidos, toda intervencion que tuvie– "ra por objeto oprimir á estos Estados ó in–

IIfluir en manera alguna en sus desfinos. Du–

"rante la lucha que tuvo lugar entre aquellos

"nuevos gobiernos y la España, nos hemos

"declarado neutrales; en el lTIismo lTIomen–

"io en que los reconocíamos, hemos observa–

"do la neutralidad, y persistiremos en esta "actitud, con tal que no se produzca algun

"cRrn bio que, en la opinion de los poderes

"constituyentes de nuestro gobierno. sea de "tal natural naturaleza que haga indispensa– "ble para la seguridad de los Estados Unidos "un cambio correspondiente por paríe nues–

tra" .

Tal es la famosa doctrina llamada de Monroe, á la que se han querido dar inter– pretaciones diferentes, á pesar de 10 claro y

terminante de los términos en que está conce– bida y expresada. Lo que la América del Norte declaraba á Europa por el órgano de su gobernante (1) era que consideraría como agresion personal el hecho de intentar "ex– tender" á una paríe cualquiera de la Améri– ca emancipada el "sistema" de Europa. y de influir, de cualquiera manera que fuera, en sus destinos. La gramática autori– za dos versiones: ó se trataba de oponerse á toda tentativa de restitucion de la autoridad española, lo que hubiera podido justificar al– guna tentativa por parie de la Inglaterra so– bre los Estados Unidos. Oiros pueden pre– tender que el primer magistrado de la Union quería pl'eveer el caso en que alguna poten– cia europea seria llamada por alguna Repú– blica latina, para ayudarla á fundar una mo– narquía, y ha querido declarar que su go– bierno se opondría á aquello, aun si la mo– narquía fuese independiente y representati– va. El curso de los acontecin.tentos ha pro– bado, desde 1823, que el primer sentido es el verdadero. En esta época, los Estados Unidos habían aceptado ya dos lnonarquías en Amé– rica: el imperio de Hurbide en Méjico y el del Brasil. Sin embargo, no han faltado au– daces comentadores para falsear la doctrina de Monroe y exajerar su significacion. Cier– tos periódicos, dominados por una inagota– ble necesidad de excitacion, proclamaron no solmnente que América debía ser america– na, sino que tambien debía prohibirse á Eu– ropa el ocuparse de los negocios del nuevo continente, con cualquier título que fuera. Es–

ta pretension había sido erigida en una espe– cie de dogma por los aduladores de la mul– titud, la cual en iodo país, y en su ciega va– nidad, se figura que la dignidad nacional consiste en humillar al exiranjero. Pero cuan– do el sentimiento público vió que todas esas

(1) MLCHEL CHEVALIER: Le mexique aneien el mo–

derne.

declamaciones no tenian otro objeio que cu. brir los proyecto:;; de engrandecimiento de

los "esclavistas", una fuerte oposicion se pro~

dujo, y rompió la coalicion entre el Sur y los demócratas del Norie en la eleccion de 1860.

Se :;;abe que despue:;; el Sur :;;e ha visto obliga_ do á renunciar a la esclavifud, y que la ex– pedicion que hicieron Inglaterra, Francia y

España á Méjico, corno fmnbien la fentativa hecha en seguida por los conservadore:;; me–

jicanos para formar una lTIonarquía, con el

emperador Maximiliano por jefe, y con el auxilio de fropas ausiriacas, belgas y france_

sas, no ha encontrado oposicion oficial por

parie del Gabineie de IlVashington.

Sea lo que fuere en el ferreno de la polí–

tica, es preciso confesar que mucha buena voluniad es necesaria, para enconirar en la

docirina de Monroe una sola palabra que autoriza á decir que no solamenfe los Esta– dos Unidos pueden absorver impunemente á

los demás Esfados soberanos del continen1e

americano, sino que ±ambiell, y sobre todo,

se les prohibe que n"landen á hacer sus gran– des obras públicas por compañías francesas ó inglesas, si en ello encuenfran ventajas. Son es10s principios absurdos, de los cuales Chi– le, Perú, la República Argentina, Cosfa Rica,

Honduras, Méjico, se han burlado, dirigién~

dose á los ingleses para sus ferrocarriles, y

Nicaragua no debe hacer caso de las fanfa_

rronadas de los periódicos alnericanos, y con–

fiar la ejecucion de su canal al constructor que le ofrezca las mejores condiciones, cual_ quiera que sea su nacionalidad. La cuestion política, que podía levalltarse á propósito del

canal aITlericano, ha sido completan1.en±e re.,.

suelta por el trafado Clayfon-Bulwer; queda la cuesfion de ejecucion que depende sobre todo de los capitalistas, y en la que los go– biernos en general, y mucho menos los que no fienen el :mas pequeño derecho sobre los

terrenos airavesados, no ejercen sino una in~

fluencia muy ínfima.

IX

Para volver á nuestro asunto, direnios

que, puesfo que los cultivos tropicales de pro– ducios de exporiacion, no pueden hacerse

ventajosamente sino en una cierta escala, la

consecuencia natural es que exigen para ca..

menzar un PE~UEÑO CAPITAL. Pero esfe será

todavía insuficiente; siendo el inmigrante

blanco inadecuado para frabajar con sus pro– pias manos y de un modo permanente bajo los ardores del sol de los trópicos (lo que eS

una mislna cosa que decir que jornaleros

blancos y pobres no pueden inmigrar con provecho y en número considerable á Cenfro

América), es preciso que el país á donde se

dirige con su pequeño capital, pueda sumi– nisfrarle jornaleros indígenas. Si este país fiene ya apenas el número suficiente de jor– naleros, Se vé obligado el inmigranfe á fraer con:;;igo lo:;; suyos, ó sino, es menesfer que

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