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« Previous Page Table of Contents Next Page »1 uestro Y el :mío como Jefe del Gobierno de bar, eta~os Unidos, poner a un lado toda incerlidum– loS Es ostrar que somos capaces de actuar con re– pre 1':,m que la pérdida brufal de nuestro líder no
solUcl~n~er como resu1±ado. la debilidad, sino la for–
va a ~e la nación, que podemos y estamos dispues– ta1
eza
aduar Y a aduar ahora mismo. toS a
Desde este hemiciclo de la Cámara de Dipufados,
todo el mundo sepa y que nadie 10 interprete
qu~ que yo consagro este Gobierno a una gestión
~a Í.irrne apoya a las Naciones Unidas; a la ejecución he orable Y resuelta de los compromisos con nues-on aliados; al mantenimiento de un poderio mili– :sque no sea inferior al de nadie; a la defensa de 1 estabilidad y la solidez del dólar; a la expansión .: nuestro comercio, exterior; al incremento de nues–
±r~s programas de é!;sisten~i~ mutua y c?operación n Asia, Africa y Lahnoamenca y a la Ahanza para :1
Progreso en este Hemisferio.
El 20 de enero de 1961, John F. Kennedy dijo a sus conciudadanos que nuestra tarea no estaría terminada "en los primeros mil días, ni en el perio– do de existencia de este Gobierno, ni aún quizá du– rante nuestra vida en este planeta. Pero -añadió– comencemos"
Hoy, en este momento de :p.uevas resoluciones, digo a mis compatriotas: continuemos.
Esta es nuestra misión: no dudar, no detenerse, no volverse y prolongar este desgraciado momento, sino continuar en nuestro empeño, de modo que po– damos cumplir el destino que nos ha señalado la Historia. Nuestras tareas más inmediatas están aquí en el Congreso.
En primer lugar, ningún discurso de recuerdo ni ningún panegírico podría ser un homenaje mejor a la memoria del Presidente Kennedy que la aproba– ción, en el término más breve posible, del proyeefo de ley sobre derechos civiles, por el cual tanto luchó. Hemos hablado ya bastante en este país sobre la igualdad de derechos. Estarnos hablando sobre el asunto desde hace 100 años o más. Por tanto, es ahora el momento de escribir el próximo capítulo, y escribirlo en los textos de la Ley.
Os insto, como lo hice en 1957 y de nuevo en
1960, a que aprobéis una Ley sobre derechos civi– les, de modo que podamos marchar hacia adelante
y eliminar de esta nación todo residuo de descrimi– nación y opresión basado en la raza o el color. No podría haber un motivo mayor de prestigio para nuestra nación, aquí y en el extranjero.
y segundo: Ningún aefo de nosotros podria con– tinuar más apropiadamente la tarea del Presidente l'iennedy que la tramitación, con la mayor rapidez Posible, del Proyecto de Ley sobre Reforma Tributa– rla, por el cual luchó también. Tal Proyec:l:o de Ley tiene por objeto aumentar nuestro ingreso nacional, nuestras rentas fiscales y protegE;lrnos contra una re– cesión económica. Dicho Proyecto de Ley, si es apro– bado sin demora y es un clima de ahorro y frugali– dad en el Gobierno, significa mayor seguridad para
los que trabajan ahora y más empleos para los que carecen de ellos.
En conclusión, este no es un momento para de– moras. Es un momento de acción de una acción vi– gorosa y previsora para aprobar lC:s Proyeefos de Ley pendientes sobre educación, a fin de llevar la luz de la enseñanza a cada hogar y pueblo de Nor±eamé– rica; de una acción vigorosa y previsora para brin– dar oportunidades de empleo a la juventud y para aprobar el Proyecto de Ley de ayuda al exterior. En esta forma, pondremos bien en claro que no esta– rnos abandonando nuestras responsabilidades con es– te Hemisferio o con el mundo, ni prescindiendo de la flexibilidad ejecutiva en la dirección de los asun– fas exteriores. Por último, es el momento de una acción previsora y vigorosa para aprobar los restan– fes Proyeefos de Ley sobre asignación de fondos.
Con es:l:e nuevo espíritu de aefividad, el Congreso puede esperar la plena cooperación y apoyo del Po– der Ejecufivo. Y en particular, el ahorro y frugali– dad mayores. Me esforzaré porque el Gobierno abe tenga servicios por valor de un dólar, en cada dólar que invierta. El Gobierno oIrecerá un ejemplo de moderación y economía. Esto no significa que no a:l:enderemos a las necesidades sin cubrir o que no cumpliremos nuesrros compromisos. Haremos ambas cosas.
Por haber 'pres:l:ado servlclos durante largo tiem– po en ambas Cámaras del Congreso, creo firmemen:l:e en la independencia e in:l:egridad del Poder Legisla– tivo; Os prome:l:o que respe:l:aré siempre es:l:a convic– Clan. Está arraigada en la médula de mis huesos. Con la misma firmeza creo en la capacidad y la ha– bilidad del Congreso, a pesar de las diferencias de opinión que caracterizan a nuestra Nación, para ac– tuar, para ac:l:uar con sabiduría, vigor y rapidez cuan– do surja la necesidad.
La necesidad está aquí. La necesidad es ahora. Os pido vuestra ayuda.
Sé que nos reunimos con pena; :rero reunámo– nos iambién con renovada abnegación y renovado vi– gor. Reunámonos para aefuar, con :l:olerancia y mu– ±ua comprensión.
La muerte de John F. Kennedy ordena lo que su vida implicaba: que los Estados Unidos deben avan_ zar. Ha llegado la hora, para los norteamericanos de todas las razas y credos y creencias políticas, de comprenderse y respetarse los unos a los otros. Pon– gamos fin a la enseñanza y la predicación del odio y el mal y la violencia. Apar±émonos de los fanáti– cos de la extrema izquierda y de la extrema derecha, de los apóstoles del rencor y la parcialidad, de aque– llos que desafían la Ley, de aquellos que vierten ve– neno en las venas de la Nación.
Tengo la profunda esperanza de que la tragedia y tormento de estos terribles días nos aunarán en un nuevo espíritu de compañerismo, haciendo de noso– tros, en nues:l:ra tristeza, un solo pueblo. Tomemos
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