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« Previous Page Table of Contents Next Page »irrevocable e indiscutible. Cumplía su palabra honorable y dio así una prueba inequívoca de que los poderosos también pueden ser justicieros.
México conservará perenne memoria del gran estadista norteamericano, muerío alevosamente en plena madurez intelectual y política, y estoy seguro de que el mundo también recordará con duradera veneración a ese Gran Presidente, valiéndose de su obra como de una fuente de inspiración para alcanzar las metas supremas que la humanidad reclama ansiosamente, o sean la paz y la compren– sión universales, sin las cuales no es posible que ni las naciones ni los individuos logren llegar a su destino.
Formulo los más fervientes votos para que en la inmorlalidad descanse John Fiízgera1d Kennedy y para que la tremenda sacudida que la tragedia produjo en su hogar, desaparezca: para que allí vuelva la paz.
DANIEL ESCALANTE,
Embajador de México.
VENEZUELA
Abatido por balas asesinas ha caído un hombre en toda la fuerza de la vida y del pensamiento. Murió, como los árboles, de pie.. En el cumplimiento de su deber. Ese hombre se llamaba John F. Kennedy y era el Presidente de los Estados Unidos de América. Sobre los hombros de este Hombre, aún joven, recaía una de las cargas más abrumadoras de la historia y su tarea entrañaba una de las más altas responsabilidades de nuestro tiempo.
Su gobierno se fundó sobre los principios de liberíad, justicia e igualdad que sirvieron de cnniento al edificio de la nación. Su filosofía política se nutrió de los nobles ideales que proclamaron nuestros padres, -los de la América rubia
y los de la América morena- Bolívar, Jefferson, Wáshington. Luchó porque la justicia y la igualdad entre los hombres fuera una realidad y murió en defensa de estos principios. Por eso, el nombre de John F. Kennedy deberá inscribirse corno un nuevo mártir en la página gloriosa de los que sucumbieron por estas nobles causas. Su memoria será venerada y amada por todos los hombres de buena voluntad sea cual fuere su credo político o religioso.
Con la mueríe de John F. Kennedy la América Latina pierde un gran ami–
go: el forjador de la Alianza para el Progreso. El estadista que caló muy hondo en la realidad de nuestros problemas y se propuso mediante un amplio programa de desarrollo económico y social al mejoramiento de nuestras clases menos fa– vorecidas.
Los venezolanos hemos recibido con profundo pesar la triste noticia. Du– rante su visita a nuestro país el Presidente y su bella esposa, supieron conquistarse la amistad de nuestro pueblo.
Ante el dolor que experimenta la nación amiga y el mundo libre por la muerte del Presidente Kennedy, nos queda el ejemplo de su vida y el brillo de su Palabra. Su cuerpo se ha reintegrado a la madre tierra, pero corno semilla bue– na, germinará en fruto bueno.
RAFAEL ARMANDO ROJAS,
Embajador de Venezuela.
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