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en la mano se juraron n1.s±ar en donde se encontraran, al haber sido separados por algunas personas de mucho respeto para. ellos.

Así las cosas entre éstos dos políticos; se libra la batalla del Bosque. En esta te– rrible pelea, es derribado el Gral. Cortés junto con el caballo que montaba, al ser éste muería de feroz lanzada en el pecho, y sin que mediara tiempo, la n"lisrna lanza del enfurecido dragón jerezisia se levanta a partir el cuerpo del caído señor Cortés, preciso rnornento, en el que, un aBo oficial del ejército de Jerez, cruza su espada y detiene el golpe rno:dal. Es el individuo del juramento de muerte con el Señor Cor– tés. Lo levanta del suelo, lo sube a la grupa de su corcel y 10 presenta al Gral. Jerez a quien le pide le conceda libre a.c– ción sobre su prisionero. Concedido, da vuelta y cual relámpago atraviesa el CalTI– po de guerra, y lleva a Cortés, a las ron– das de la ciudad. Su vicia y su liberfad estaban salvadas.

Al día siguienfe se da la batalla de SAN FELIPE. En n1.edio de esta sangrienta lid, el Gral. Cortés se dirige sobre un mi– litar que trata de romper salida con su gente para el lado de Subtiava, de orden del Gral. Jerez. Se le interpone con su es– cuadra, y la lucha se hace cuerpo a cuer– po, en la que, las bayonetas y lanzas hun– den sus afilados aceros en la carne de los combatientes. De un golpe de lanza cae al suelo el militar y al instante un soldado de Cortés le pone en el pecho el huraean±e calibre del fusil; momenio terrible en el cuai conoce Cortés a su anterior enemigo

y adual salvador, y, dando un salio sobre el soldado le hace desviar el tiro, y 10 sal– va de la segura muerte. Lo nlOn!a en. el anca de su bridón y en veloz carrera lo presenla a su jefe y lo pide para sí. Lo lleva a pu casa donde recibe acogida ex– quisi.ta; y la amistad lnás firme y estrecha renació entre los dos.

En las ferocidades de la guerra se ven también acciones de nobleza y de virtud.

El frustrado asesinato del Ministro

Palacios.

Sin relacionar detalles de esia segun– da administración Martínez, por no ser esa la intención de este pequeño es±udio; nos colocarnos en el año de 1865. En éste, en– contrarnos al Presidente Martínez residien– do en León con toda su familia, yocupan– do la casa qUé ahora perlenece a Jos here– deros de don Benito Morales, sobre la Ca– lle de Marcoleta en ese entonces de gran preslancia social y que se conoce hoy co– mo la 1 ~ Calle Sur, y comúnmente de San

Juan de Dios. Se dice, que levanió la her– lTIOSa casa que después fue de don Narciso Lacayo, sobre la hoy l~ Avenida Oeste cu– yos trabajos dirigía personalmente y que no pudo estrenar.

Enconiramos también en ese mismo año, ]a verificación del asesinaio frus±ra– do en la persona del Ministro de Gua±e– hlala en Nicaragua, don Enrique Palacios. Este crimen se produjo a consecuencia del ?lcon:tecin'"lien±o político de la captura del Gral. DaD Gerardo Barrios. Derrocado del ;eoder o gobierno de El Salvador el Gral. Barrios, provocó una revolución en esa Re– pública en contra del Presidente Dueñas que le ha bía sucedido; Y' para ésto armó en Pananlá una goleta con bandera ame– ricana y se dirigió a El Salvador; mas al llegar al puedo de La Unión, se dio cuen– ta de que la revolución había sido sofoca– da po-, Dueñas, y retrocedió a su lugar de salida; TI'"lás, al pasar frente a la punta de Cosigüina un rayo dañó considerablemen– te el árbol lnayor de la goleia llaraada "1...1anueJa Planas" y tuvo que aproximar– se al puedo de Corinto, corno a las nueve de la mañana del 27 de ,Junio; n'lás en la noche de ese mislno día fue cap.l:urado Ba– rrios, con la cooperación del ~Ainis±ro Pa– lacios, y relnitido a León, de orden del Presiden!e Mariínez.

Nos dice la Biografía citada, de Don Jerónimo Pérez, "que al pasar por el Pol– vón con el reo, se les sirvió un almuerzo o comida, y el Gral. Barrios se mostraba

m.uy agradecido de las autoridades y del pueblo en general, quejándose únicamen– te del Minis±ro Palacios; y que, el señor Don Manuel Rivas (alias Chucha), dijo: "Ese chapín pagará con la vida".

El Minis±ro Don Enrique Palacios en su permanencia en León, ocupaba el Ho– tel, que estaba en la casa que fue de Don Juan Pallais y hoy de los herederos de la STia. Josefina Pallais, o sea, la esquina Nor-Es±e que forrnan hoy la 2~ Calle Nor±e

y la 2~ Avenida Oeste, en la rnjsrrta forn'l.a de dos pisos y con una ventana de suelo a la Calle, tal corrto se halla en la aC±ua– lidad. En ese iiernpo era rnuy desolado ese lugar, y se,senÍÍa lnuy alejado del cen–

ira de Ja ciudad, que 10 era todo el barrio de San Juan de Dios, en donde vivía 10

más saliente y adinerado de la sociedad.

Las 011 ce de la noche serían del 12 de Julio, cuando una delonación de rifle" con– lCcovió el vecindario de la posada del Mi– nistro Palacios; era noche obscura y ±ene– brosa. El Minis!ro se hallaba escribiendo en una lTIeSa cerca de la venialla de suelo que tenía abierta, y íanío él, corno los ve– cinos se saljeron a las puertas, sin ver na– da sospechoso. El tiro se enconiró des– pués, que había pegado en la gavefa de -235-

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